domingo, 21 de julio de 2013

Pichanga


PICHANGA
Miércoles 24 de Julio de 2013
19:30
Valparaíso, Chile.



Nelson Garrido en Casa-K


Martes 23 de Julio de 2013
19Horas
CASA-K
Satiago de Chile

La reunión es de carácter mas íntimo (no masivo), con el objeto de poder compartir mas, y quienes lo deseen puedan exhibir parte de su material reciente o algún trabajo que quieran comentar. Contaremos con Data y sonido para que traigan su material (seleccionado) en formato digital si lo desean. Lo único que tienen que hacer es confirmar su asistencia y si es que quieren presentar algo o no (no es obligación).



martes, 16 de julio de 2013

Conversación Nelson Garrido UCV


Miércoles 17 de Julio de 2013, 6pm.
UCV
Escuela de Letras
Aula 201

lunes, 8 de julio de 2013

“Mi obra es un grito de lo que está pasando”




“Mi obra es un grito de lo que está pasando”

    Nelson Garrido, por Greilysú Moreno

    El Premio Nacional de Artes Plásticas (1991) y su formación con el artista Carlos Cruz-Diez, lejos de ser méritos que lo definen, son una suerte de trampolín hacia un lenguaje propio que poco tiene que ver con el arte cinético y menos aún con las convenciones de la Academia.
    Quien se para ante las obras del venezolano Nelson Garrido pronto descubre un cuestionamiento a las convenciones sociales. Son imágenes violentas e irreverentes que buscan reacciones contundentes ante tres grandes temas: muerte, sexo y religiosidad. A los ojos del autor son detonantes estéticos que, partiendo de la puesta en escena, muestran la estética de lo feo, la imaginería popular, la violencia como propulsora de reacciones y el erotismo visto en términos de sacrificio religioso.
    Aún así su obra no deja de ser una respuesta del colectivo. Series como Pensamiento único (2008), Todos los santos son muertos (1989-1993) y La pareja como base de la violencia social (2008) encuentran espacio en la imaginería popular de un país (Venezuela) del que se nutre el autor; y en este punto que la propuesta de Garrido descubre su límite, tal como él afirma: “la representación se queda corta ante la realidad”.
    Ese trabajo individual convive con su fotografía antropológica; más de 30 años de trabajo con la Fundación Bigott, recorriendo el país para registrar cientos de manifestaciones populares, que son sinónimo de lo contemporáneo y del sentir de un pueblo irreverente y sabio, tal como él lo define.
    De su maestro Cruz-Diez persiste su método de enseñanza, el cual pone en práctica día a día en la escuela que lleva su nombre: Organización Nelson Garrido (ONG). En este “espacio para los que no tienen espacio”, como dice su lema, coexisten las diferentes maneras de pensar, el derecho al error y a la divergencia, en pro de que cada estudiante desarrolle un lenguaje propio y así construya una excusa para aprender vivir y practicar la libertad.

    -¿Cómo se inicia en el mundo de la fotografía?

    -Llego a la fotografía a través del arte, específicamente, de la pintura. Viviendo en París, a los trece años, mi papá, militar y pintor, me envió a hacer espionaje tecnológico al taller de Cruz-Diez porque quería saber cómo se hacían “las rayitas”, y cuando llegué me quedé impactado; allí pasaba de todo. Pronto me hice alumno de Cruz-Diez  y  empecé a hacer arte cinético. Desde muchachito en vez de jugar con trencito jugaba con los hijos de Cruz-Diez con cámaras 4x5 y 6x6, que se revelaban y copiaban en un laboratorio que había allí. Ese fue mi primer acercamiento y quedé marcado para toda la vida.

    -¿Cuál fue su primera cámara?

    -Mi primera cámara profesional fue una Pentax que me regalaron mis padres cuando yo tenía 15 años. Era súper profesional, con teleobjetivo y otras cosas más.

    -¿Cuáles fueron sus primeras fotografías?

    -Yo llego a la fotografía después de trabajar con los plásticos que usaba Cruz-Diez para la fisicromía. Empecé a hacer una serie de diapositivas, todavía no sabía utilizar la cámara, pegando cucarachas, mosquitas…, las cuales quemaba y eso los proyectaba; el resultado era un cosa hermosísima. Es a través de esas primeras imágenes que paso a la fotografía. 
    De mis primeras fotografías recuerdo unas que hice en un viaje al sur de Chile a trenes de carga. Otras son unas que le hice al poeta chileno Nicanor Parra, y  fue una fortuna porque yo apenas estaba empezando. A Nicanor le publicaron su Obra gruesa y vinieron fotógrafos de Argentina, Brasil, de todas partes, pero él dijo que las fotos se la hacía yo. Me pagó el rollo, el revelado y todo de eso. Ese fue el primer trabajo que publiqué, fue en 1969.

    -¿En qué momento cree haber conseguido su lenguaje personal?

    -Cuando regreso a Venezuela a los 18 años, me incorporo directamente a la militancia política. Me voy a vivir a un barrio y me pongo a trabajar en función de la denuncia social; viví 10 años en el barrio Carapita, en Caracas. Después retomo la fotografía con una propuesta muy clásica; luego en la década de los 80, hago una imagen que para mí fue como un semáforo verde para avanzar: El cochino levitando, una fotografía que logré mientras hacía  un trabajo editorial que me llevó a recorrer toda Venezuela. De allí, en 1985, salto a hacer un registro de los perros muertos en la carretera, del que sale la serie Muertos en la vía (1987-1988), que sería un trabajo esencial para mi lenguaje personal. Así comienzo a investigar sobre esa estética, y es entonces cuando toma forma y fuerza mi lenguaje.

    -Los animales forman parte recurrente de su obra, ¿qué le aportan?

    -Para mí son mamíferos, seres vivos, solo eso. Yo no soy nada ecológico, al contrario me considero depredador natural. Mi interés es sobre la parte orgánica de los mamíferos. De los animales muertos me llaman la atención las vísceras como hecho estético y particularmente el proceso de putrefacción de estos, a nivel cromático, pues cuando se van pudriendo van dejando un aura o gama de colores.

    -¿Qué es la cucaracha para Nelson Garrido?

    -La cucaracha para mí es un animal rechazado, así como el cochino, a los que uso en mi trabajo que aborda las negaciones sociales; entonces todos esos animales, al igual que el excremento de los animales y la sangre, creo que son unos elementos estéticamente muy hermosos pero que la sociedad los ha condenado a ser feos. Yo creo en la estética de lo feo como estética de la belleza.

    -Cuando una persona ve sus obras suele haber un choque moral que lleva hacia la repulsión o la fascinación ¿Cómo debe pararse alguien ante una de sus obras?

    -Mis obras son detonantes estéticos donde cada quien ve lo que quiere ver, ve sus propios demonios y los míos; cada quien que los asuma con todo y sus problemas. No estoy buscando una obra para que la gente se sienta complacida ni para que esté de acuerdo conmigo. Para empezar yo no manifiesto verdades, yo manifiesto profundas dudas. Yo no doy respuestas, yo me hago preguntas. En todo caso, sí me parece preocupante que haya alguien a quien no le moleste lo que hago.

    -Hábleme de esos demonios, ¿cómo se dejan colar en sus obras?

    -Creo que toda obra es un trabajo personal para sacar tus demonios. Yo no pago psiquiatras porque tengo mi propia terapia. La gente cuando me ve me dice “oye, pero tú tienes cara de normal” y justamente soy normal porque hago la obra que hago.

    -Su trabajo ha sido catalogado como una denuncia poética, inteligente o grotesca. ¿Cuál se acerca más a su propia definición?

    -Me considero un terrorista poético y evidentemente es mi línea filosófica, que va desde el hecho político hasta la cotidianidad. Para mí la gran trampa está en la cotidianidad y haciendo terrorismo poético se rompe con ello y logras mucho más entrar en el inconsciente. 
    Tú te puedes olvidar de mi nombre pero no de los perros muertos. Eso me parece importante, lograr hilar conceptos que van más allá del nombre, de la obra; allí hay elementos que si quieres tejerlos te pueden llevar a tu propio mundo interior, que no tiene que ver con la obra que yo hice, sino que ya la obra es libre, eso es maravilloso, porque esta tiene que ser independiente, tanto es así que en mi página web el derecho es gratuito, tengo el anticopyright, para que mi trabajo circule y cada quien lo use como quiera.

    -Usted aborda el sacrificio religioso relacionándolo con el erotismo, ¿esto es una aberración?

    -Estoy convencido de que hay un goce sadomasoquista en el manejo de las imágenes religiosas, hay una gran sexualidad y sensualidad. Todas las vírgenes y santas son delgadas, están buenas y tienen allí como una risita pícara. Y ves, por ejemplo, a San Sebastián, un catire fornido, con cara de éxtasis mientras está siendo penetrado con flechas en forma de pene; además es una oda a la homosexualidad, lo cual me parece maravilloso. En otras palabras, la Iglesia te dice que el sexo es pecado, pero por otro lado lo  fomenta y es allí donde me parece que está la aberración de la Iglesia.

    -¿Por qué representar una doble moral de la Iglesia?

    -Porque es una reacción a todas las castraciones a las que uno termina sometido cuando estudias como yo en colegio de monjas y curas en Italia, Francia y Chile, donde te eliminan la sexualidad y el goce. Por ello solo  una persona que recibió ese tipo de educación puede hacer la obra que yo hago. Ahora, a mis 60 años, puedo decir esto riéndome pero de adolescente fue un gran problema para mí. Yo quería ser sacerdote, me gustaba Dios y la Virgen, pero como todo niño de 12 años, también me gustaba masturbarme y gozaba viendo revistas de mujeres desnudas. Recuerdo que hasta a la virgen María yo la veía con su pelito largo, que se le transparentaban los pezones y a mí excitaba. Me decía a mí mismo: “¡qué bolas soy un pecador! y si se me aparece la virgen María qué le voy a decir”.

    -Su trabajo antropológico le ha permitido conocer de cerca costumbres y sentires populares, ¿qué le han sumado como artista?

    -Para mí lo popular tiene un hecho sumamente contemporáneo. A veces creo que en un altar de María Lionza hay más elementos contemporáneos que en cualquier museo de arte moderno, y  yo me he nutrido de ello, mi obra está influenciada por todas las fiestas populares que tuve la suerte de registran en 30 años con la Fundación Bigott.
    Mis puestas en escena son como de fiestas populares. Me baso en elementos escenográficos de esas manifestaciones, en la sencillez y en los trucos que usan, por ejemplo, en los vía crucis para representar a los romanos usan un pipote con un cepillo y con eso crean el casco del romano; es perfecto.

    -¿En su obra subyace un pensamiento pesimista, esperanzador o realista?

    -Yo creo que hay esperanza en mi obra, pero más que enfocarme en ello, lo que busco es meter el dedo en la yaga para evidenciar cosas que ocurren y que no pueden quedarse en el silencio, es más bien como un grito de una sociedad que cada día más se nos va de las manos. Mi obra es un grito de lo que está pasando. Esa postura de no quedarse en silencio está presente en la serie Pensamiento único. ¿Qué hay que decir?
    En este momento del país, uno no puede quedarse al margen. Hay que tener una posición frente a lo que  está pasando, por ello marco abiertamente una postura. Siendo yo filosóficamente anarquista, estoy en contra de esta realidad política, en la que hubo y en la que vendrá, porque para mí la lucha es contra el poder. Hoy la pelea es para regresar al equilibrio democrático, donde podamos convivir todas las posturas incluyendo la chavista, donde haya el respeto del pensamiento del otro.

    -¿Su obra Caracas sangrante (1993) sigue señalándole como el profeta del desastre?

    -Para mí, Caracas sangrante era una situación que venía, los sistemas ya estaban en decadencia. En ese momento me catalogaron como un profeta y fomentador del desastre. Hoy se ha quedado corta al lado de la situación del país; y allí es donde digo que la representación se queda corta ante la realidad. Esta situación me angustia y allí es donde yo creo que la obra debe ser como un detonante social, que la gente reaccione; nos hemos acostumbramos a la inseguridad, a los muertos.

    -¿Cuál de sus obras o series ha sido la más controversial?

    -La autocrucifixión de Nelson Garrido (1993, de la serie Todos los santos son muertos), esa ha sido censurada a nivel mundial. Otra que le ha impactado mucho a la gente, y no me imaginé que iba a ser tal el impacto, es El asesinato del Niño Jesús (1993, de la serie Todos los santos son muertos).

    -¿Y la serie La gruta de la Virgen (2009)?

    -¡También! A mí me parece hermosísima. Es un homenaje que yo hago a la vulva, que me parece tan bella. Y yo esperé que la modelo tuviera el período, porque soy un admirador de este ciclo sexual. Yo con esta serie estoy haciendo un gran homenaje, casi un homenaje renacentista tipo Botticelli.

    -¿Cuánto hay de inconsciente en sus obras?

    -Hay una inconsciencia total. Mis obras están llenas de dudas, preguntas y errores. Cada vez que termino uno de mis trabajos, lo veo y me parece una mierda, nunca es lo que yo quería, está llena de errores, pero  uno aprende a asumirlos, y la obra es así, nunca está terminada.

    -¿De sus contemporáneos que van en línea horizontal con su obra, con cuáles se relaciona?

    -De los internacionales, mis aliados y grandes amigos son Marcos López de Argentina y de España Alberto García-Alix, Joan Fontcuberta y Antoni Miralda. De los nacionales están Luis Brito y Ricardo Armas. Y aunque no lo conozco está Joel-Peter Witkin, quien para mí es lo que fue Francis Bacon para la pintura en los años 60.

    -¿Dónde ha conseguido un mayor entendimiento o conexión hacia su propuesta?

    -En España, he tenido una recepción impresionante.

    -¿De sus autoretratos cuál cree que lo definen más en su presente?

    -Mi crucifixión con tres penes sigue siendo un retrato con el que me siento igual, está vigente para mí. Fue una reacción contra el Premio Nacional de Artes Plásticas que me dieron; yo no creo en premios por eso lo quemé y llené de sangre.

    -Le ha hecho homenaje a Joseph Bois, Rembrant, Francis Bacon, Picasso… ¿a quién más le gustaría homenajear?

    -Me gustaría hacerle un homenaje a Chávez, pero no he encontrado la manera.

    -¿Qué es la ONG (Organización Nelson Garrido)?

    -Es el espacio de los que no tenemos espacio. Es la anticonstitucionalidad, un espacio de creación, donde coexisten las diferentes maneras de pensar, con el respeto a lo que es diferente a ti.  Aquí conviven muchos grupos y muchas tendencias al mismo tiempo. Es un espacio de enseñanza, de diversidad sexual y cultural a todos los niveles.

    -¿Se considera profesor antes que hacedor de imágenes?

    -Yo soy un agitador de ideas en mi obra y en los talleres de formación que facilito, y ahorita estas dos facetas tienen el mismo peso.

    -¿En qué está trabajando actualmente?

    -Estoy haciendo algo sumamente ácido, que se llama La morcilla sagrada, un trabajo de video (el primero) y fotografía, donde se verá una ceremonia teatral donde me estoy sacando la sangre, de la que luego harán morcillas para que los asistentes se la coman. También quiero hacer una muestra usando franelas, que como medio para exponer fotografías me parecen son maravillosas, porque eso corre, circula; hay que buscar otros mecanismos para llegarle al público que no va a una sala o museo de arte.