lunes, 15 de octubre de 2012

Entrevista revista MONO


5 PREGUNTAS SOBRE LA INFLUENCIA
¿En quién o en qué piensas instintivamente cuando escuchas la palabra “Influencia”?
Pienso en un par de personajes paradigmáticos, en primer lugar Goya, que por su legado puede considerarse como un artista contemporáneo eternamente; y por otro lado en la obra de Joel-Peter Witkin.
También pienso en la historia como una gran influencia, pero una historia bien llevada sin nacionalismos o fascismos. Yo me identifico con ciertos artistas, como Goya o el Bosco, y cuando hablo de su influencia hago énfasis en la importancia que sigue teniendo su actitud frente a la vida y el arte.
¿Quién o qué te hizo entender por primera vez el significado de una “influencia”?
Tuve la suerte de trabajar con Carlos Cruz Diez desde los 13 años en su taller en París, y es sin duda la influencia determinante de mi vida, no sólo formalmente sino en todo lo relacionado con lo visual. Allí radica la grandeza de un maestro, mi obra es tan radicalmente diferente a la suya, pero fue él quien me enseñó la metodología para llegar a mi propio lenguaje y a la esencia de mi trabajo.
¿Tienes una definición personal o alguna palabra especial que utilices para referirte a las influencias más importantes de tu vida?
Originalidad, como toda acción encaminada al origen, a la esencia.
Muchos entienden a la originalidad desde un punto de vista muy superficial, volviendo a Cruz Diez, de alguna forma su influencia es determinante pero nunca castradora. Mi lenguaje y mi obra son su opuesto, su influencia nunca me llevó a copiarlo o reproducirlo. En ese sentido, la influencia es sana cuando te permite destruir a tu maestro para crear tu propio lenguaje.
¿Qué temes de tus influencias?
La influencia es conflicto en su expresión más pura. En algún momento Cruz Diez y yo no nos hablamos, tuvimos diferencias irreconciliables relacionadas con el trabajo, porque precisamente hay que “destruir al padre” para encontrarte.
Afortunadamente nos reencontramos y al mostrarle mi trabajo él estaba feliz de que yo hubiera generado un lenguaje personal, transgresor, que cambiara los códigos. Somos dos artistas completamente diferentes y nadie podría decir que en mi trabajo hay una pizca de Cruz Diez: pero es precisamente en el proceso creativo detrás de cada una de mis obras, donde su influencia es más transparente.
¿Cómo se siente ser una influencia para tantos artistas y fotógrafos contemporáneos?
Es un problema de orden ético y una gran responsabilidad.
Es importante no abusar de la influencia y tratar lo más posible de descontrolarlo, de sabotearlo, para que los que te siguen vayan mucho mas lejos.
Se trata de convertirse en una plataforma, no para que los alumnos hagan lo que yo quiera, sino para que hagan lo que tienen que hacer, lo que están llamados a hacer. Traumatiza verte reflejado en los otros, para mi lo importante es que no me complazcan. En un momento tan confuso hay que mantenerse de un bastión ético y promotor del lenguaje individual.

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