sábado, 24 de diciembre de 2011

Nelson Garrido: el pensamiento múltiple



Breve apunte sobre política en la obra del artista venezolano

Nombrar a Nelson Garrido y no hacer referencia a cuestiones políticas es prácticamente imposible. Su obra es política. Su juventud está marcada por la formación y la acción política y a cada instante en que uno se encuentra conversando con él aparece la temática.

Garrido es venezolano. Nació en Caracas -donde reside en la actualidad- en 1952 y su infancia y adolescencia las pasó dando vueltas por Europa y Sudamérica. Entre Italia, Francia y Chile cursó sus estudios primarios y secundarios. Allí también comenzó a formarse políticamente. Al calor de los 60’s; del Mayo Francés, del “vino y rosas”, el sexo libre y un mundo partido a la mitad en dogmas ideológicos antagónicos.

Tal vez el recuerdo de aquellos años -nunca se lo pregunté a Garrido en realidad y por lo tanto lo que sigue a continuación es más bien una especulación en base a su testimonio- haya marcado su actual oposición al gobierno de Hugo Chávez Frías, Presidente de la República Bolivariana de Venezuela desde 1999.

Un miedo intrínseco, racional, a las posiciones políticas dogmáticas e incuestionables. A los totalitarismos de cualquier signo político. Al “Nosotros” en contraposición al “Ellos”. Al partido único. A un PSUV con sus remeras rojas, milicias urbanas y un culto exacerbado a la figura de líder. A una forma de ejercer la política desde el lugar que niega y demoniza todo aquello que la interpela.

Garrido habla de una Venezuela violenta, corrupta, ultrajada y sometida por el pensamiento único y la petroeconomía. Es un hombre que le teme tanto a la izquierda de Chávez -a la cual califica sin rodeos como “Terrorismo de Estado” y “Populismo”- como a la derecha político/mediática -u “oposición fascista”- que vive agazapada a la espera de un nuevo golpe de Estado. O mejor aún, la intervención divina, occidental y cristiana de los Marines norteamericanos.

Su compromiso con su manera de pensar y vivir la política lo han llevado, en estos últimos años, a crear imágenes que den cuenta del conflicto que él encuentra latente en el seno de la sociedad venezolana. Logrando establecer un énfasis especial en la iconografía chavista y en la figura del presidente y los medios de comunicación.

Toda su obra gira en torno a un manifiesto que eleva la idea de rebelión frente al status quo del consumo simbólico, estereotipado, no natural que aparece en la televisión, las revista; cuando vamos al cine o buscamos a Dios frente a un cura.

Nelson Garrido es un paria. O como él se autodefine… un anarquista. Uno de esos tantos excluidos que habitan en los matices de sociedades complejas, divididas de forma binaria entre pensamientos opuestos.

Alguien que cree profundamente en el concepto que guarda la palabra Libertad y la ejerce de forma impenitente. Un hombre que a sus casi 60 años sigue sintiendo una aversión militante y creativa frente a la sumisión que impone no pensar, no preguntar... no cuestionar.


Rosario, Argentina.

Diciembre de 2011,

Por Ezequiel Clerici


Club de Fun, Verano 2011
Fuente original: aqui







sábado, 19 de noviembre de 2011

La asfixiante estética de la violencia. Nelson Garrido en Fotograma11

Por Alexandra Nóvoa / indexfoto



“Un toque de humor y cierta liviandad en la mirada. Evitar lagrimear por miedo de llorar hasta morir.”
Del Manifiesto de Caracas de Marcos López, 1998.

Organizada por el CMDF y Foto Club Uruguayo, esta semana se inauguró en Montevideo otra de las muestras más esperadas de Fotograma11: “Estética de la violencia”, del venezolano Nelson Garrido. Desde una actitud provocadora y crítica, conservando lo más virulento del kischt “tropical”, las fotografías que componen esta muestra confrontan a su espectador desde temáticas que aluden a los efectos de la política oficial de Venezuela, la religión y las tensiones sociales y visuales de ese país y especialmente de su capital.

La exposición, que tiene lugar en la “Casa de Tatú” -un espacio particularmente original y alternativo, de enormes dimensiones, decorado en un estilo retro y en donde se desarrollan distintas actividades culturales- está integrada por una cantidad de dieciséis imágenes que expresan la visión de Garrido -entre satírica y desoladora- acerca de diferentes aspectos que tiñen de violencia la sociedad venezolana contemporánea.

Algunas de la las fotografías exhibidas pertenecen a determinadas series, como “Pensamiento Único” o “Estética de la violencia”, realizadas en las décadas de 1990 y de 2000, de temáticas relacionadas entre sí y vinculadas, además, por un tratamiento estético particular erigido sobre la base de lo burdo y lo grotesco.



El autor parte de determinados tópicos sociales que tienen lugar en su país -sobre todo lo concerniente al momento político que atraviesa- y otros de alcances geográficos y culturales más amplios, como la religión y su eclecticismo latinoamericano, la sexualidad, así como la violencia social en sus diversos niveles, desde el crimen barrial hasta la violencia doméstica y a su vez la falta de reacción o sensibilidad social.



Aunque aborda temas concretos, Garrido trasciende lo puntual para devenir en un enfoque más amplio acerca de la degradación social general, hasta lo que podría ser entendido como una base malévola intrínseca del ser humano.

Acerca de su postura, Garrido explicó en una entrevista para "El Ángel Caído": "Mi intención -cosa que no garantiza que se logre- es introducir imágenes sobre la violencia en dosis homeopáticas para que la gente reaccione en contra de ella, es como un readymade, como el urinario de Duchamp, desconceptualizando la violencia puede lograr una reacción diferente a la de los medios”.





Resulta consecuente imaginar que esta muestra puede haber generado inconvenientes y resistencias al momento de su exposición en Venezuela. En ese sentido, se relata en el blogdel autor los incidentes ocurridos durante su exposición en la Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela: “Ni un día duró la exposición fotográfica Estética de la violencia [...]gente (un grupo no identificado) que no está de acuerdo con el contenido de las obras rasgaron los cuadros, descolgaron otros, y dieron fin con la muestra que se había inaugurado el lunes. Garrido no repuso las obras: 'Voy a presentar las rasgadas. Como he dicho en otras oportunidades, la realidad supera la ficción: algunos sectores no estaban de acuerdo con esta exposición, pero ahora las obras rasgadas tienen más valor' [...] No me preocupa que la obra haya provocado esa reacción, pero sí me parece grave que haya ocurrido en la UCV, donde se supone que es un espacio de debate y discusión. De hacer eso a quemar libros sólo hay un paso'. Agrega quien está consciente de que sus fotos 'están hechas para cuestionar, estoy feliz de que las hayan rasgado'”.



Tras una cuidadosa organización de los elementos en lo que a simple vista pareciera un caos visual, pero que se basa en buena medida en las composiciones y retablos religiosos renacentistas, Garrido se sumerge en las tensiones de las que parte su obra; las reinterpreta, reelabora, y finalmente condensa en piezas fotográficas su drástica visión sobre esos procesos sociales, bañados por la polución visual que envuelve gran parte de la capital venezolana, la que participa, a su vez, de una impronta predominante en varias ciudades latinoamericanas.

Del 1 al 3 de diciembre, Nelson Garrido estará en Montevideo y dictará uno de los talleres CMDF 2011, titulado “Fotografía experimental. Una aproximación a la fotografía contemporánea”. El miércoles 29 de noviembre presentará la ponencia “Estética de lo feo y la violencia” en las Séptimas Jornadas sobre Fotografía.

Por más información sobre Nelson Garrido: http://www.nelsongarrido.com/

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Nelson Garrido,1952, Caracas, Venezuela. Cursó estudios de primaria y secundaria en Italia, Francia y Chile y estudios de Fotografía en el taller del artista Carlos Cruz Diez, en París, en los años 1966-67. La ONG (Organización Nelson Garrido) Espacios para la Creación, recoge sus experiencias y metodología propia como docente de fotografía. La ONG, escuela de fotografía, centro cultural alternativo, se ha convertido en punto de referencia obligada en la práctica artística venezolana actual, expandiéndose cada vez más hacia toda Latinoamérica. Garrido ha creado en su trabajo artístico un lenguaje iconográfico mezcla de religión, sexo, humor e imaginería popular. Violenta e irreverente, su obra se basa en una constante experimentación de medios expresivos y un profundo cuestionamiento del sistema de normas y creencias socialmente aceptado. La puesta en escena fotográfica es su punto de partida; la estética de lo feo, el erotismo revisado en términos de sacrificio religioso y la violencia como detonante de reacciones, son algunas constantes en su obra. Es el primer fotógrafo venezolano distinguido con el Premio Nacional de Artes Plásticas (1991). Ha participado en innumerables exposiciones individuales y colectivas alrededor del mundo, siendo la más reciente Mapas Abierto y la Bienal de Arquitectura de Venecia. (del blog del autor)

Fuente original: indexfoto

lunes, 14 de noviembre de 2011

Nelson Garrido estara en Bueno Aires

Nelson Garrido estara en Bueno Aires del 4 al 13 de diciembre de 2011.
Para mas informacion contacta a: Beto Gutierrez (
betography@gmail.com ) y Marc Caella ( mcaellas@gmail.com )

Septima Jornada sobre fotografía en Montevideo



Septima Jornada sobre fotografía en Montevideo del 28 al 30 de Noviembre de 2011.













Para descargar el catalogo de la muestra metete aqui.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Nelson Garrido: su obra



Dirección y producción: Beatriz Bellorín

jueves, 22 de septiembre de 2011

Charla en Trasnocho Cultural



Mañana viernes 23 de septiembre a las 6:30pm
Charla en Trasnocho Cultural

lunes, 14 de febrero de 2011

La vírgen de Nelson

La vírgen de Nelson

José Pulido

Caracas rezuma ese vapor de Infierno, ese dolor de Purgatorio, esa prohibición de Paraíso. La obra de Nelson Garrido titulada “La vírgen de Caracas” tiene a la ciudad como telón de fondo y en ese paisaje se reanudan los caminos circulares de la Divina Comedia. La ciudad es el castigo del cuerpo y el verdugo del alma: todo tiende a arrancarte la vida, a dejarte sin fe, sin amor y sin dignidad. El habitante se encarga de castrarse a si mismo como usuario del sentido comun.

En ese primer plano, a vuelo de angel y de zamuro, (que viene a ser el paisaje visto desde el lado de allá, donde están los otros) flota la vírgen sangrante, que en la versión de Garrido no puede ser portadora de ingenuidades insípidas: verla es desquiciarse y escandalizarse, aunque está más cerca que nunca de los seres mortales, porque ella sufre en carne propia y en espíritu colectivo las crucifixiones diarias, que ahora se hacen a balazos por quítame esta paja y arráncame este celular.

En ese primer plano Nelson coloca a todos los personajes que integran la desesperanza, esa atmósfera que arropa en igual proporción a los vivos y los muertos, a las entidades espirituales y las bestias de carne y hueso. Nelson Garrido detalla los síndromes de todas las violencias, sin dejar de lado cierta ternura en el mirar, cierto desparpajo al sacarle a los desnudos y a los cadáveres el provecho que obtenían las herejías y los heresiarcas entre la masa adoradora.

Nelson Garrido ha ironizado siempre en torno al comportamiento humano absurdo y sin sentido, insensible y prejuicioso. Esperando bondades regaladas y caidas del cielo, la gente acumula maldades terribles hasta que se forman infiernos sobre infiernos. La ironía de Garrido hace estallar los paradigmas podridos y para ello acude a la realidad que jamás se oxida y a la imaginación que nunca se deja encadenar.

Mirar “La vírgen de Caracas” es una experiencia tan fascinante y cruda, que de repente, en su metáfora perversa, rememora el Canto Tercero del Infierno, donde el Dante escribió: “Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada…”

La vírgen flota bañada en sangre y cargando al niño con su cordón umbilical terciado. Apenas recién parida y apenas recién nacido, madre e hijo son las victimas inmediatas y propicias de toda la violencia. Inclusive, el erotismo de la desnudez hace que el espectador dispare con sus ojos y sus emociones unos cuantos dardos envenenados y ansiosos a la joven señora. Los angeles hermosos y endemoniados que escoltan con su ritual de violencia a la vírgen de Caracas, también despiertan los morbos de Sodoma y Gomorra en el hipócrita y acomodaticio espectador que aún no ha sido atracado, secuestrado, asesinado, estafado o violado. Dios les salve a todos el lugar.

El referido Canto Tercero del infierno dantesco se percibe como una música ideal para la obra de Garrido, porque en lo alto de una puerta hay un letrero que dice: “Dejen toda esperanza los que aquí entren”.

Y ante tal mensaje el poeta Virgilio enarbola su comentario:

“Conviene abandonar aquí todo temor; conviene que aquí termine toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la dolorida gente que ha perdido el bien de la inteligencia”

Es como si ambos, Dante y Virgilio, hubiesen premeditado el cuadro de Nelson Garrido o estuviesen descendiendo también por las escalinatas homicidas del altar caraqueño. Aunque más lógico resulta argüir que Garrido no sólo se ha formado con imágenes sino también a la sombra de los grandes creadores de las artes habladas, escritas, cantadas y pintadas.

Es evidente que La Vírgen de Caracas es poesía retratada y destilada a través de infiernos, purgatorios y paraísos. Aquí te alegran la vida el despampanante sol y la naturalidad con que el Avila continúa siendo fresca montaña; del resto, Caracas toda es un incordio; Caracas es una ciudad inexplicable sembrada de rencores. A veces se pone romántica y muestra la morgue para que levanten la tapa y escuchen, porque esa es su cajita de música.

Viendo su obra, la gente cuyo intelecto no ha cesado, se da cuenta de que Nelson Garrido se ha convertido, sin proponérselo, en el angel de la guarda de la ciudad y su función primordial consiste en buscar explicación para lo inexplicable.

Su cajita de música preferida también tiene un olor a eros y a muerte pero se llama cámara. La vírgen puede ser digital o analógica y eso no le quita lo damnificada. Los ojos que miran más allá del desamparo y de la violencia inmisericorde hacen magia cuando pintan con ese obturador de almas. Los ojos que se llaman Nelson, que se llaman cámara, que enfocan el pubis.

domingo, 23 de enero de 2011

La Virgen de Caracas



Este jueves fui a la sede de la Organización Nelson Garrido, donde funcionan, entre otras muchas cosas, una escuela de fotografía y varias salas de exposición. Quería ver la muestra Luchando con rimas, del fotógrafo cubano Oscar B. Castillo, quien exhibe allí un seriado documental sobre protagonistas del hip hop underground en Cuba, toda una revelación puesto que los artistas de este género deben someterse a la censura de los CDR (comités de defensa de la revolución), integrados, como puede verse en las fotografías, por seres patéticos que no tienen idea de nada salvo de la dura lid por precaria supervivencia y, en consecuencia, de lo que pueda percibirse vagamente como crítica a Fidel Castro.

Me encontré con que la noche anterior Nelson Garrido, Premio Nacional de Artes Plásticas 1991, había terminado la obra que ilustra esta nota. La virgen de Caracas, es el título.

Es una superproducción que comprende una puesta en escena con actores, fotografiada con cámaras analógica y digital para hacer un montaje digital. El resultado es una obra de 160 por 3 metros, impresa en giclé, técnica que consiste en inyectar tinta a una tela. Es una visión estremecedora de la violencia en Venezuela y del montón de víctimas que reclama cada hora.

Lo que vemos es una ruma de cuerpos exánimes yacentes en un mar de sangre. Y sobre la escalofriante pila de miembros revueltos en la orgía de la muerte, una joven recién parida, aun con los muslos regados de sangre, que llora mientras retiene contra su pecho un niño. “Si ese niño Jesús fuera venezolano”, dice Nelson Garrido con expresión grave, “no sería necesario organizarle una crucifixión: moriría en la infancia por una bala perdida o caería en la calle cuando tuviera entre 16 y 25 años, edad en la que mueren los venezolanos pobres”.

A lo largo de su explicación, su voz va a quebrarse varias veces. En la medida en que se contempla, la obra va creciendo en belleza y espanto. Esta pieza es una actualización, digamos, de Nuestra Señora de Caracas, anónimo de 1766, una de las dos primeras pinturas que muestran panorámicas de la capital venezolana.

Nelson Garrido ha incluido una corte celestial compuesta por ángeles y arcángeles representados por jóvenes desnudas cuya piel evidencia marcas impresas por el traje de baño. Estas criaturas seráficas dispuestas sobre la cabeza de la virgen lanzan bombas lacrimógenas sobre Caracas, blanden cuchillos, empuñan pistolas y alguno hay que manipula vísceras humanas aún palpitantes. “Esa Virgen es un homenaje a todas las mujeres de Venezuela. Son madres, esposas, hijas, que viven el calvario todos los días de su vida, ya porque deben enterrar un ser querido o porque viven aterrorizadas de que llegue ese día nefasto”.

En la tonga de muertos podemos ver: dos cuerpos en la morgue con bolsas plásticas en el frío regazo donde están guardadas las pertenencias de los occisos “con excepción del dinero”, dice Garrido, “porque siempre se lo roban”. Una muerta tirada junto a un celular. Un hombre que ha perdido la boina roja al ser alcanzado por el plomo. Un niño desmadejado sobre el caballito de madera con la cabeza destrozada por un disparo. Una bandera tricolor tinta en sangre.

Una mujer morena con el pañito terciado en el hombro y una foto de un muchacho, “es la imagen emblemática que vemos en los periódicos de las madres preguntando por los hijos en la morgue”. Y están las dos portadas de El Nacional censuradas por mostrar esa “promiscuidad que es la muerte violenta en Venezuela: los cuerpos se amontonan. La sangre de uno salta sobre la del paisano que todavía no se ha secado en el pavimento”.

Que nadie se desentienda de esto ­clama Garrido-. “Si las siluetas de tiza de los muertos se trazan sobre una anterior, los vivos estamos sobre un polvorín”.

MIlagros Socorro
El Nacional / 23 de Enero de 2011