miércoles, 15 de abril de 2009

La Gruta de la Virgen...


Cocoya, pepitona o vulva pero de la Virgen


La cucaracha


El nacimiento del hombre nuevo
(Homenaje a Dali)


La conquista de America


La ascensión de Cristo


No señalaras


Gruta de la Virgen con Niño


Nacimiento de Jesus sin pecado concebido


Crucifixión del Niño Jesus sin pecado concebido


La Mano Poderosa


Nelson Garrido: shamán ensalmador de asombros

Que la gruta te acompañe

José Pulido


La vulva es la fachada sensible y barroca de la vagina. El pubis o Monte de Venus es la frente altiva donde el clítoris sobresale cual mascarón de proa, aunque a veces se oculta, fingiendo ser el botón de orquidea de los labios menores. La vulva es definida como frontispicio divino y sacrílego, por los labios mayores, que una vez le hablaron y le cantaron a la diosa Deméter, para que no estuviera tan triste.

La vagina es un canal de paredes rosadas como las rosas, húmedas y cálidas. Lubricadas y calientes. Su nombre significa “vaina”, como la guarida donde duerme la espada.

La vulva tiene tantos nombres que debería haber un diccionario sólo para ella. La llaman cuca, coño, cucaracha, panocha, cocolla, pepitona, papo, totona, morrocoy, chocha, argolla, cajeta, cachucha, cresta, sapo, cuchara, zorra, zapato, chorito, cueva, garage, chucha, conejito, gato, sobaquiña, golpe de ala, buseta, almeja, toto, concha, cosota, mercado, bizcocho, bizcochito, peluche, peluchonga, bicho, sonrisa vertical, la innombrada, la pelúa y la pelona.

Cuando es pequeña puerta, deja entrar, con emoción, alegría y angustias, la semilla del eterno presente, el origen de todo. Al convertirse en portón, deja salir a la mujer y al hombre que repetirán el ritual de la vida. Miles de millones de seres se han filtrado hacia la luz a través de su grieta; genios y malandrines, diosas y taradas, asesinos y asesinados, tiranos y adulantes, malditos y benditos, esclavistas y esclavos, santos y pecadores.

Aquí, en este lugar donde se revuelven el paraíso, el infierno y el purgatorio; aquí, en esta dimensión alucinante donde se juntan el vivir y el morir en un baile infinito, estuvieron, están y estarán todos los seres humanos que atraviesan ese portal.



El artista de la ruptura

Nelson Garrido se hallaba sentado trabajando ante una vulva inédita y fresca, sonsacando el arte y confrontándolo en la fuente de la vida, en el rincón subyugante de los orígenes. Estaba crecido, adulto ya, frente a la gruta que simboliza su propio nacimiento. Y trataba delicadamente el tema con la punta de un pincel. Nadie había sido jamás tan delicado y sin embargo tan capaz de provocar un nuevo estado psíquico. Garrido golpea al asombro mismo, sorprende a la sorpresa. Es como si te picara una culebra mientras estás viendo televisión. Culebra de sofá.

La cucaracha

Nelson colocó la imagen de una cucaracha en ese seno sonrosado: nada produce más susto y asco en la mujer que una cucaracha, ni siquiera una traición, un desamor o un abandono. Al espectador masculino, la visión de una cucaracha le quita las ganas de cualquier cosa. Una palabra latina: blatta y otra griega: eides, construyen la frase “que tiene aspecto de cucaracha”. La blattodea o cucaracha, es un bicho que soporta un mes sin comer y sin beber agua. Tiene más de trescientos millones de años sin cambiar su modus vivendi: es la asquerosa bicha eterna. La conclusión lógica que cualquiera comparte: sería definitivamente terrible si alguna vez las cucarachas se alojan en el útero, en el cuello del útero y se apoderan con su agitar de patas y mover de alas de todas las cuevas femeninas.

Suplicios florecidos

Cuando se dice que la virgen concibió del Espíritu Santo y tuvo a Jesús, no se piensa para nada en sus ovarios ni en su aparato genital. Es como si la virgen no tuviera vagina y desconociera las sensibilidades de la carne. Por tal circunstancia, Nelson consigue un efecto estrambótico y un asombro pecaminoso, cuando transforma la vulva en gruta de la virgen y también la usa como el sepulcro donde metieron a Cristo. Jesús crucificado en el Monte de Venus, el Niño Jesús naciendo en el pesebre de una cocolla que se parece a la flor nacional. Orquidea, catleya, flor de mayo, pétalos creados por el Señor, como inspirado en Eva cuando se escarranchaba sin saber que lo hacía.

Comentan los textos rosacruces: “La cruz y la rosa han sido símbolos muy antiguos. La cruz, un instrumento de ejecución como la horca, se transformó en un símbolo de amor y de piedad por la gracia y la sabiduría de ese hombre sacrificado. La rosa es identificada con la virgen María. La cruz en el centro de la rosa era el emblema de Matin Lutero: una imagen de Jesús en el seno de su madre”.

Todos los demás usos artísticos, sísmicos, arrebatadores y poco ortodoxos de la vulva, las manitas, el hombre nuevo que no tiene piernas, brazos, cabeza ni huevos, equivalen a un coro, a variaciones del demiurgo atemorizante y sincero que es Nelson Garrido.

Pero en todo proceso surgen la puñalada trapera, la lanza en el costado: cuando un artista procesa materiales que fermentan las profundidades de la psiquis, puede convertirse en hombre lobo si es alérgico a la luna; o en vampiro si la sangre ajena lo estimula. Aunque en el caso de Nelson, es más probable que lo nombren shamán, porque eso es lo que él ha sido con la cámara ensalmando maldeojos, chupando espíritus, y con su visión que revela gusaneras mientras recorre el submundo de los tabúes y los temores imperecederos. Nelson recoge lo real y lo irreal, pero además, transforma las imágenes, como cuando un poeta junta dos palabras que jamás se han encontrado

El gran desvirgador

Entre los Cumanagotos, cuando una joven va a tomar marido, tiene que dormir primero con el shamán, quien debe desflorarla, porque ese piache es el único que puede espantar los malos espíritus que se alojan en la cueva llamada vagina.

En su libro “Los Cumanagotos y sus vecinos”, Marc de Civrieux dice:
“El sexo de la mujer, crisol de la vida, es un tabú ambiguo, a la vez sagrado y tremendo. La vagina tiene sus propios espíritus-dueños. Estos guardianes celosos sólo pueden ser vencidos por un gran poder mágico equivalente: el del shamán que posee el dominio de la vida y de la muerte”.

“El sexo femenino tiene por símbolo una boca de afilados dientes que pueden castrar al profano, y eso explica por qué los espíritus invisibles y sus representantes, los piaches, pueden arriesgarse sin peligro a la primera copulación”, añade.

Los Cumanagotos creen “que la sangre menstrual, vehículo de la vida, es sagrada y, por consiguiente, peligrosa. El poder de la sangre menstrual, como todos los poderes mágicos, es ambiguo y puede producir la muerte”. Eso explica por qué los Cumanagoto usaban esa sangre en la composición del veneno para sus flechas. (Matías Ruíz Blanco; Antonio Caulín).
En verdad, los enemigos de los Cumanagotos caían, de alguna manera metamórica, flechados por el amor.

Las cuevas

El Diccionario de símbolos de Hans Biedermann indica que “las cuevas son los santuarios más antiguos. Hubo un tiempo en que fueron consideradas como ámbitos de otro mundo. No eran sitios para habitar, sino lugares de culto. En la iconografía del antiguo Egipto, el Nilo surgía de una cueva en la roca”.

Los órganos femeninos se relacionaron con las cavernas, asociándose la sexualidad con la fertilidad en el sentido general. También se imaginó a los minúsculos dioses aztecas de la lluvia, como habitantes de las cuevas. Esos diminutos dioses portaban una vara fálica.
Adán, fue sepultado en una cueva. El anciano Noé, superviviente del diluvio, ordenó a su hijo Sem que sacara de la cueva los huesos del primer hombre y los enterrara de nuevo “en el punto central de la tierra”.

“En el simbolismo de los sueños, interpretados desde el punto de vista de la psicología profunda, el peligroso camino a través de las cuevas oscuras, significa una regresión a la oscuridad protectora de la vida prenatal. Es el retorno al vientre de la madre”.

La vulva que hablaba

Baubo, una figura enigmática del simbolismo y la mitologia griega antigua, era una muchacha-vulva, una vulva personificada. Esa muchacha bailó ante la diosa Deméter, quien al ver y escuchar a una vulva cantando, se rió y se alegró y así soportó la pena de haber perdido a su hija Perséfone quien había sido raptada por el dios Hades.

Todo esto se ha traido a colación, para refrescar un poco el hecho de que Nelson Garrido se hallaba sentado trabajando ante una vulva inédita y fresca, sonsacando el arte. Aunque no estaba implícitamente bregando un trabajo jodido y trabajoso, porque no destilaba sudores, ni se le notaban los callos y las huellas procaces que deja el laburo como castigo del hombre.
El castigo del hombre dicho por Dios
"Porque hiciste caso a tu mujer y comiste del árbol que yo te prohibí, maldito sea el suelo por tu culpa. Con fatiga sacarás de él tu alimento todos los días de tu vida. Él te producirá cardos y espinas y comerás la hierba del campo. Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la tierra, de donde fuiste sacado. ¡Porque eres polvo y al polvo volverás!".
Queda claro con esto, que Nelson Garrido no trabajaba propiamente el lienzo de la vulva, que fungía de tela y modelo a la vez. Se notaba más bien que Nelson la incitaba y trataba de convertirla en cómplice de una propuesta. Lo cuál ella aceptó.
Esa bella pieza no será subastada. Su imagen quedará pero la obra per se ha desaparecido al retornar a su anonimato cotidiano. ¿Es posible felicitarla como se hace con el artista? quizás. Sólo es pertinente, por los momentos, expresarle la única verdad comprobable: polvo eres, ¡polvo eres y al polvo volverás!

Making off serie La Gruta de la Virgen... (Fotografía Laura Silva)





























Fotografía Laura Silva