jueves, 25 de diciembre de 2008

IMPERA LA INTOLERANCIA / EL MUNDO

IMPERA LA INTOLERANCIA
Durante el pasado mes de noviembre ocurrió un hecho delator de la conducta intolerante. Se trataba de la destrucción de la exposición fotográfica del conocido artista Nelson Garrido en la Universidad Central de Venezuela a manos de pandillas chavistas quienes no pudieron soportar opiniones distintas vertidas en su cámara.
Esta conducta es cónsona con un proyecto totalitario cuya búsqueda se centra en el pensamiento único sin derecho a la discrepancia. Es una vía ejercida por el socialismo autoritario en todas sus facetas desde la Unión Soviética hasta su expresión tropical, Cuba.
Cuando se produjo la revolución bolchevique apareció su manifestación cultural contestataria. Fue el nacimiento del suprematismo y el rayonismo como expresiones estéticas innovadoras. Las calles y los espacios públicos fueron ocupados por las obras de artistas brillantes como Naum Gabo, Antoine Pevner, Olga Rozanova, la Popova, Kashmir Malevich, Vladimir Tatlin, Vasilis Kandisky, entre muchos otros. Con la presencia del arte en la realidad se cuestionaba el concepto mismo de museo.
Estas escuelas abstraccionistas geométricas crearon, junto al Futurismo en Italia y Der Stij en Holanda, las bases para el nacimiento del arte contemporáneo desarrollado en el curso del siglo veinte.
Sin embargo, pronto el devenir de un régimen controlado al máximo por el Estado rindió sus frutos. Con el advenimiento de Stalin se persiguió a las corrientes artísticas abstractas por ser idealistas y se impuso una aberración llamada realismo socialista. Los pintores, escultores y arquitectos hicieron mutis ante la represión y se radicaron en la Bauhaus, en toda Europa y los Estados Unidos. Sólo Tatlin se plegó al nuevo catecismo llegando a decir que el arte debía desaparecer ante la artesanía.
En Cuba es conocida la triste tesis de Fidel Castro cuando alertaba a los creadores que el régimen no iba a permitir disidencia ni crítica. Fue la famosa Carta a los Intelectuales donde señalaba que con la Revolución todo y nada en su contra.
El caso de Nelson Garrido es emblemático para los grupúsculos fascistas venezolanos aupados desde el poder. Pero para este fotógrafo fue un triunfo haber alcanzado provocar a quienes tienen gríngolas cerebrales y no aceptan al pensamiento diferente.
Así como existen grupos pagados por las alcaldías para perseguir la disidencia hay comités parapoliciales que le ahorran al Estado gastos en este renglón sin estar sometidos a límite alguno. Son una suerte de paramilitarismo como el del vecino país donde efectúan operaciones criminales del mismo aparato estatal sin formalidades. La oposición polarizada se asusta porque a su entender hay usurpaciones de funciones sin valorar la delegación del poder hacia mafias facilitadoras del despotismo.
Mientras se producen formas de control sofisticado a través de los medios de difusión, públicos y privados, en paralelo surgen mecanismos disciplinarios bien primitivos propios de la época iniciática del capitalismo. Es la combinación de los dos ángulos del poder: el fáctico característico de esquemas elementales y el institucional con sus ramificaciones de asfixia.
Ojalá emerjan nuevos Nelson Garrido para apuntalar las reservas éticas y estéticas del país frente a la barbarie castrense de un oficialismo desfasado. Hay que estar en pie de lucha para reventar el panóptico global que todo lo domina. Es la opción libertaria de quienes creen en la diversidad.

HUMBERTO DECARLI R.
hachedester@gmail.com

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