martes, 25 de noviembre de 2008

Estética de la violencia (EL NACIONAL - MARTES 25 DE NOVIEMBRE DE 2008)

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Nelson Garrido. Estética de la violencia GERARDO ZAVARCE

E l arte puede brindar la oportunidad para vernos retratados sin hipocresías. Si gusta o no gusta, no importa, no se trata de papel tapiz. No se trata de representar la realidad con espejitos bonitos. El trabajo fotográfico realizado por el creador Nelson Garrido apunta en esta dirección y no resulta extraño que haya sido irracionalmente atacado el martes 18 de noviembre por aquellos que se escandalizaron hipócritamente frente a las representaciones fotográficas emplazadas en la Biblioteca Central de la UCV. Ellos seguramente no se inmutan ante las ruindades y desmedros que conforman los rasgos de nuestras identidades desencontradas, opuestas e incomunicadas. En su momento, la muestra Homenaje a la necrofi lia (1962) del creador Carlos Contramaestre fue a mi parecer un gesto profundamente cristiano y sacrificial en el marco del contexto histórico de la Venezuela de los años sesenta, con la variante de que en este caso el cuerpo de Cristo, convertido no en pan sino en pulsión estética, se descompuso entre nosotros como gesto liberador. Si la sociedad se presenta dividida, incomunicada, dispuesta a no verse entre sí y a no escucharse, los lenguajes del arte cumplen una función simbólica restauradora. A mi juicio allí radica la dignidad y pertinencia del trabajo realizado por Contramaestre y actualmente por Nelson Garrido. La historia de las artes visuales está llena de ejemplos en los cuales se hacen visibles de múltiples maneras la inquietud por el lenguaje, que no es otra cosa que una inquietud por el amor. Lenguaje que puede ser sublime, erótico, hiriente, violento y amargo, como lo es indudablemente el amor en muchas de sus manifestaciones. La profesora Clara Bargellini de la Universidad Nacional Autónoma de México, lo explica a través de la relación entre el arte y el culto cristiano: La figura martirizada y sangrante de Jesús es probablemente la imagen más explícita y más recurrente en toda la historia del arte, de los efectos de la violencia desatada contra un individuo . Violencia y horror que se transforma en pasión y compasión , tal como queda plasmado en Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna . El escritor colombiano William Ospina señaló en su ensayo titulado Del amor y la violencia que: las obras de arte, las construcciones del pensamiento y hasta las instituciones políticas pueden ser amores que se han vuelto visibles. Circunscribiéndose al contexto específicamente colombiano, que el autor describe como un ambiente de oposición, de incomunicación y desencuentro, apunta: Cuando en una sociedad impera la discordia, la pregunta por el amor se hace más urgente y más esencial . Ahora bien, difícilmente podemos concebir al amor alejado de sus vínculos con el lenguaje y, por supuesto, del complejo acto de comunicar, pues compartir los significados entre los seres humanos implica siempre un a través que se concreta como forma ritual y simbólica. Por tanto, podemos sugerir, parafraseando a Ospina, que cuando en una sociedad impera la discordia, la pregunta por el lenguaje se hace más urgente. Allí radica la dignidad y pertinencia de la estética de la violencia propuesta por Nelson Garrido.

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