lunes, 24 de noviembre de 2008

Cultura, pero armada / TAL CUAL

Política
Lunes 24 de Noviembre de 2008

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TalCual
Política
Cultura,
pero armada

FERNANDO RODRÍGUEZ

Nelson Garrido no sólo es uno de los fotógrafos fundamentales del país –Premio Nacional de Artes Plásticas sino que es uno de nuestros pocos artistas que cree todavía que la irreverencia es un buen camino para enderezar el mundo. Es por ello que sus complejas y desafiantes imágenes que mezclan símbolos religiosos, sexuales, políticos y otros políticamente correctos que estallan en estridentes y blasfemos conjuntos hacen rabiar y santiguarse a espíritus recatados, incitan a censores y otros espíritus policiales. Más de una vez han dado lugar, aquí y fuera de aquí, a la descalificación y a la censura de siempre. Digamos, de paso, que Garrido fiel a ese espíritu de insurrección continua, ha mantenido la más tenaz y exitosa trinchera cultural alternativa, la Organización Nelson Garrido, una vieja y maltrecha casona alejada de las zonas culturales convencionales –la comarca de la plaza de los museos y sus alrededores, ahora en decadencia; las galerías de Las Mercedes y los relucientes espacios bancarios, ahora en auge donde se fraguan muchos de los más osados proyectos artísticos de una ciudad donde parece de verdad haber muerto el centenario espíritu de las vanguardias.

En una exposición en la Galería Universitaria de la UCV un grupo de vándalos chavistas arremetió contra sus obras y deterioró varias de éstas. Una censura que quizás no había experimentado Nelson, la del coñazo, que suele ser la más atroz y la más eficaz. La de los nazis quemando libros y obras de arte. El gobierno ya ha alcanzado los mayores logros de la historia democrática del país en esas prácticas, en general por otras vías más clásicas: tú no cabes, tú no vas, tú te callas; tú no me gustas, no alabas, no te inclinas. Por lo visto ahora han pasado a una fase superior de lucha. No deja de ser curioso que un proceso que tiene como guía supremo y único a la Gran Boca, llena de sapos y culebras, de denuestos y escupitajos ilimitados, ahora se muestre tan susceptible ante la obra de un artista verdadero. Tal parece que el derecho al grito sólo se limita, como tantas otras cosas, al que enseñan en las Escuela Militar: sólo a los superiores les es permitido para mandar y agredir a sus subalternos. El grito legitimo, valiente –Garrido sólo usa la cámara y el laboratorio-, inteligente y creativo, la protesta solitaria, atenta contra ese monopolio. La exposición ha sido repuesta, no deje de hacer allí su propia experiencia ante la desmesura.

Hablando de golpes bajos. Recordemos que el grupo La piedrita, público y publicitado ente paraestatal, parapolicial, que ha decretado autónomo, ajeno al poder del Estado nacional, un pequeño sector del 23 de enero, con la complacencia de alcaldes y alto gobierno, además de vanagloriarse de sus actos de violencia de hoy de mañana, ha decidido llevar orgullosamente su mano justiciera allende sus lares y castigar a medios opositores y otras entidades contrarevolucionarias. Chávez tuvo que quejarse un día, pero ahí siguen tan campantes, incluso dispuestos a hacerse figuras mediáticas. Como ya habíamos señalado en esta columna, resulta que ahora parece que forman parte del equipo de seguridad y adoctrinamiento forzado de la ¡Biblioteca Nacional de Venezuela¡, emblema de la civilidad y el pensamiento. Mostrando los dientes lograron aterrorizar al personal y emprenderla contra chavistas moderados y opositores –silenciosos los últimos, única forma de serlo en esos predios. Pero, recientemente, viejos sindicalistas y osados empleados, decidieron encararlos y trataron de echarlos. No pudieron –una fuca es una fucapero sí acabaron con el miedo, tanto o acaso más importante. Del director poco se sabe, perdió la palabra y sus empleados lo han decretado inexistente. La cultura oficial es espiritual pero armada. No se olviden.

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