jueves, 14 de febrero de 2008

SUTIL VIOLENTO



SUTIL VIOLENTO

Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo
Apertura el 5 de Marzo de 2008
Esta muestra fue inaugurada antes en el marco del
FORUM LATINO-AMERICANO DE FOTOGRAFIA DE SAO PAOLO
Octubre de 2007

Jueves 6 de Marzo 7pm
CHARLA " LA FOTOGRAFIA Y LA CONSTRUCCION EN LA REALIDAD "
Lata Cannabrava , Oscar Bonilla y Nelson Garrido

Viernes 7 de Marzo de 9am a 12m y de 2pm a 5pm ( 20 personas )
TALLER ( workshop ) " ESTETICA DE LA VIOLENCIA , UNA APROXIMACION A LA FOTOGRAFIA CONTEMPORANEA

Acerca de los trabajos


La fotógrafa argentina Ananké Asseff, en Potencial, expone la fragilidad del Estado, que al no garantizar su exclusividad en el rol de responsable de la seguridad, "autoriza" a ciudadanos a armarse, mientras que la panameña Rachelle Mozman se vale de tenues alteraciones en la imagen para enfatizar la figura de niños como "actores" de una historia de profunda soledad y tristeza, fruto del modelo de un habitar importado de los suburbios estadounidenses, donde grupos de viviendas protegidas terminan por aislar en lugar de proteger. Las fotografías de Mozman promueven un contraste nada sutil con las sonrisas y las miradas llenas de dignidad expuestas en Numa Janela do Edifício Prestes Maia, 911 [En una Ventana del Edificio Prestes Maia, 911], de Julio Bittencourt, artista que retrató en fragmentos para posteriormente reconstruir lo que fue la mayor invasión urbana de la ciudad de São Paulo.

En su texto "La Verdad Inútil", la comisaria y profesora de la Universidad de Buenos Aires Valeria González nos lleva a percibir que, desde un punto de vista sociopolítico, el ensayo Intervalos Intermitentes, del fotógrafo argentino RES, muestra que no hay tanta distancia entre las huellas dejadas por la historia militar y presidencial argentina y las huellas que deja la vida cotidiana en el cuerpo de un trabajador o deportista. Así, la exposición va delineando un camino que intenta compulsivamente explicar la fuerza motriz de este nuestro violento continente. A la vez que apuesta mucho por las justificaciones sociopolíticas y económicas, ellas son insuficientes ante el inocente juego infantil que retrata Rodolfo Walsh, salvadoreño radicado en Guatemala, en el que, con golpes de palos, se despedazan a los "héroes" en las fiestas de cumpleaños. A su vez, utilizando lo lúdico como instrumento, Daniela Edburg ironiza la sociedad de consumo y, de manera divertida y con esmero estético, expone en su ensayo Drop Dead Gourgeous la fragilidad de las mujeres que maquillan sus angustias a través de obsesiones consumistas. En Cidades Órfãs [Ciudades Huérfanas], André Cipriano presenta imágenes "homogéneas" en las que la mirada desde arriba parece descalificar lo trágico, pero no lo logra.

Marcos López es crudo. Su serie Sub-Realismo Criollo, a la que pertenece la obra Carnicera, que se expone aquí, es una de las más imponentes representaciones del ser latino exuberante. Leí en un texto suyo: "(...) expresionismo en el sentido de expresar fuertemente algo". Nelson Garrido, en su Caracas Sangrante, de la serie Caracas Utópica, parece traducir a la perfección esa idea de la estética de la violencia. En el texto que presenta su trabajo en el libro Mapas Abiertos, la profesora Liliana Martínez dice que la ciudad se ofrece en sacrificio. Cerrando esa trilogía roja de sangre, Miguel Rio Branco presenta la instalación Cão Chão Sangue [Perro Suelo Sangre], y no se me ocurre nada mejor para definir su obra que el texto de Lélia y de Sebastião Salgado: "Miguel Rio Branco reconoce que no puede cambiar el mundo, pero tampoco puede aceptarlo como es. Por eso, él sale en búsqueda de su dolor, de su soledad y de su resignación, de la violencia y de la muerte, y las transformaciones en poesía y belleza, valiéndose de su propio extraordinario dominio del color y de la luz. No trata de disfrazar la parte sombría de la vida, ya que no se arroga el derecho a juzgar. En lugar de eso, él simplemente le confiere dignidad".

Eduardo Gil es silencioso. Su obra, que tiene una soledad faraónica, describe un edificio utilizado para investigaciones meteorológicas y, en sus palabras, "es uno de esos vestigios de un país que no fue, que no terminó de cristalizarse, que se frustró o que se sacrificó". La obra de Pablo Rivera remite a la de Eduardo Gil. Sus garitas de seguridad – de utilidad cuestionable – son una crítica silenciosa a la funcionalidad de los mecanismos y discursos de la seguridad. En Mi Casa Es Su Casa, Mi Hogar Es Su Hogar, René Peña pone en la Cuba de hoy uno de los más sutiles discursos sobre la violencia: la necesidad o intención de todo individuo de sentirse distinto a los demás, según René mismo.
En Fiat Voluptas Dei, Fredi Casco hace una doble apropiación: de un lado, se vale de fotografías antiguas de niñas preparadas para la primera comunión; de otro, utiliza uno de los signos referentes de la violencia contemporánea: la banda negra que cubre los ojos de menores sorprendidos en flagrante delito, para construir, una vez más, la ambigüedad del Sutil Violento. La misma ambigüedad se repite de manera más delicada en la obra de Milagros de la Torre, que, según la autora de Punzo Cortante, parte de la idea del silencio de las llamadas armas blancas y nos presenta la tenue frontera que separa armas de utensilios: la fina línea que separa el bien y el mal.

Para llevar a cabo su trabajo sobre las mujeres desaparecidas de Ciudad Juares, Maya Goded vivió la complejidad de la violencia. Sus relatos nos ponen a la vez ante todos los matices y, por qué no, todas las matrices de nuestra violencia. Violencia contra la mujer, contra los niños, contra los indios, la dureza de la pobreza, la brutalidad del narcotráfico y, sobre todo, la ausencia o complicidad del Estado. Tenemos la sensación de que no hay salida.

Iatã Cannabrava
Comisario

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