miércoles, 13 de diciembre de 2006

Bio-lencia, Estetica de lo Feo

Parte I



Parte II

Nelson Garrido, obras mas emblematicas desde 1982 hasta 2002 (video)

Unopuntocero, Portafolio Fotografia Antropologica, Nelson Garrido (video)



Direccion Antolin Sanchez

La Estetica de la Violencia (video)



Año 2001.
Esta serie fue realizada en Maracaibo y una vez mas es el reflejo del anatagonismo que vive Venezuela, donde la violencia es la protagonista, y es la lucha de todos contra todos, donde la intolerancia no permite ningun tipo de dialogo.

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La Nave de los Locos (video)



Año 1999, esta puesta en escena esta basada en la obra la nave de los locos de El Bosco. Fue realizada en La Victoria.
Es el reflejo de la situacion que vive el pais y antecede hechos de violencia y matanzas que sucederian posteriormente en Venezuela.
La violencia es antecedida con sintomas que si supieramos preverlos se podrian evitar y no como hacen los organismos internacionales y nacionales, que siempre se pronuncian despues de los hechos ocurridos y solo llegan a contar los muertos.

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Naturalezas Muertas y Podridas (video)



Esta serie de naturalezas muertas y podridas son imagenes digitales, ya que fueron relaizadas con la ayuda de un scaner rompiendo la tradicion de la camara oscura y creando una imagen atraves de un ojo optico que va haciendo la imagen por rastreo, dando una vision e iluminacion difierente a la toma fotografica escencialmente hecha hasta ahora atraves de una camara oscura.

Es una fusion del mundo vegetal, animal y mineral, para recrear una estetica unica entre las viceras, las lechugas y los cadaveres animales.

Fueron realizadas entre 1996 y 1998

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Muertos en Via (video)



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Todos los Santos son Muertos (video)



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martes, 12 de diciembre de 2006

Texto Catalogo La Descarga MAVAO, 1993

Las imágenes son resultado de la VIDA.
No considero el arte un fin en sí, es un medio de expresión.
Delimitar el arte en parcelas es un a actitud aberrante y limitante.
El oficialismo me da nauseas y los aspirantes a toletes del mercado del arte me dan cólicos.
En un país de farsantes todo es posible sobretodo para aquellos que se creen el cuento de las etiquetas, de los premios, de los aplausos, de la crítica, del vanguardismo, etc.
Debe haber una revisión ética de la moral del individuo frente a una sociedad carente de valores y de liderazgo.
Hago un llamado a la sublevación interior de los conceptos, todo es valido, si somos capaces de asumirnos nosotros mismos.
Atreverse a VIVIR, sin complacencias, sin buscar aprobaciones, investigarnos para transformarnos en francotiradores irreverentes.
No se trata de hablar de fotografía, escultura o pintura, debemos asumir LA IMAGEN en su totalidad.
La visión mezquina de los mercaderes del arte dolidos con su moral pequeño burguesa, aspirando ser los primeros de la clase, en una actitud conservadora y escolar, están dolidos por los cambios inevitables donde no hay reglas previsibles sino reglas imprevisibles de la imaginación.
Una muestra no es un resultado sino un tránsito, no creo en la obra acabada, en los iluminados, ni en los exquisitos.
Sólo el tránsito como guerreros impecables puede transformar el orden de las cosas, una nueva moral renovada que no tenga precio, que no este en venta al mejor postor.
Una nueva estética que sólo se logra con un nuevo orden de ideas nuevas, fuera de un mercado frustrador y mediatizador.
Una de las razones esenciales de la fotografía es su capacidad de ser reproducida rompiendo el cerco de la obra única, pero de lo que se trata es de doblegar lo esencial para competir y entrar en un mercado perdiendo esa capacidad reproducible o al contrario afianzar y democratizar la imagen para romper con la “obra única”.
Basta de fetichismos aberrantes para buscar su puesto en la cola de los aspirantes a ser admitidos en la corte de los cortezanos prostituibles, para aspirar a ser las posibles barraganas de museos y galerías.
“EXPONER ES UN MEDIO, NO UN FIN EN SI”

Marzo, 1993
Nelson Garrido.

Bio-lencia. Estética de lo Feo, 1996

Si yo tuviera que justificar por qué hago las cosas, no sabría como decirlo; yo se que las hago. A veces escucho ciertas críticas que los críticos hacen sobre mi obra; si yo pensara tanta pendejada no haría esa obra.

Mi gran preocupación es cómo poder ligarme más al hecho diario. Siento que a veces, con el trabajo de autor, uno se va desligando, se va alejando y metiendo en una especie de cúpula aislada de la realidad. Hay una cosa que me inquieta: La estética de la violencia. La estética de la violencia cada día nos salpica más; nos salpica la sangre de la violencia que hay ahorita, y por muy fuerte que a la gente le parezca mi trabajo, se queda corto. Afuera hay una realidad más fuerte y muchísimo más cruda y los intelectuales y los artistas no han asumido eso con suficiente honestidad. En Venezuela hay artistas que se aproximan a la violencia en todas partes del mundo. La violencia en Brooklyn, en New York, la violencia de las minorías portorriqueñas; pero si hablamos de violencia, en el país tenemos que exportar. Tenemos una materia prima dramáticamente grande para trabajar en este país.

El día que una de mis obras se reparta en estampitas en la puerta de una iglesia y tenga el valor de una estampita de José Gregorio Hernández, ese día una obra mía tendrá sentido. Hasta el momento intento sacar postales, desmitificar la obra única. Creo en el hecho publicado, en la imagen que circula, en la imagen que molesta, en la imagen militante. Militante en el sentido que tenga un mínimo de sentido. No creo en la obra vendible, en la obra que se vende en una subasta, en un museo; al contrario, si uno se mete en un museo debe ser para trastocar los códigos.

Yo ataco la inmoralidad de la moral. Mucha gente me considera antirreligioso; yo me considero profundamente religioso. Creo que tocando los códigos esenciales de la religión uno logra meter el dedo en la llaga y cuestionar. Si una persona se siente molesta, me parece bueno que se sienta molesta y trate de regresar a los códigos originales de las imágenes en las cuales se cree. Uno de los conceptos que promuevo en mi obra es el concepto de la necesidad de sacrificio, como una única manera de emularse y avanzar como seres humanos.

Para mi la lucha es contra el poder en cualquier forma que se encuentre. La lucha es contra el poder y contra todo lo que implica el manejo del poder.

Una exposición que no logre mover, para mi no tiene sentido. Creo que la obra tiene que pesar sola; uno no puede vender el personaje. La obra tiene que tener un peso específico.

Muchas veces la obra logra cosas que no son medibles en medidas geométricas; son esas fuerzas invisibles que conectan la imagen con el individuo cuando la observa: puede molestarlo o agradarlo. Creo que en un momento donde la sociedad tiene tantas imágenes, si no hacen imágenes de choque, que trastoquen, sencillamente se pierden en el mar de imágenes que circulan alrededor del mundo.

Uno empieza a transitar el otro lado de las cosas: la estética de lo feo, la estética de lo diferente. Por qué? Por qué buscar la estética de un perro muerto, la estética de un cochino crucificado? Pienso que allí hay códigos esenciales que van más allá de la fotografía: es la capacidad social de aceptar lo que es diferente a ti. Cuáles son los códigos de lo bello? Los códigos de lo bello están asociados al poder económico; a ciertos patrones estéticos. Lo que nos están imponiendo es una estética que genera una profunda infelicidad. Nos están enseñando a rechazar nuestro propio cuerpo, a no aceptarnos como seres integrales, como gorditos que tenemos barritos. Hay que empezar a defender la estética de las mayorías.

Creo en la estética de las vísceras. Nuestro hígado es bonito, todos tenemos páncreas. Ahora estoy trabajando sobre eso: naturalezas muertas y podridas. Nos han enseñado a rechazar todo aquello que no esté en las normativas y yo creo que lo más grave no son las imágenes, sino la sociedad de infelices que genera. Eso es lo que más me preocupa. Si las imágenes que yo hago logran que la gente se pregunte sobre este problema, ya es importante. No importa que no compren la obra, o que les parezca horrible. Si por lo menos una vez se plantean que hay otra cosa que no es lo que ellos están acostumbrados a ver y si pueden aceptar y respetar el derecho a que existan cosas “diferentes”, eso es importante. Por esas diferencias se ha matado gente, se han hecho guerras, se ha exterminado; no puede ser. Yo me niego a ser parte de esa estética que a mi me hace infeliz. Debemos crear nuestras propias normas estéticas.

La vida de uno tiene que ser la propia obra de uno. Para mi la obra no es un fin sino un medio. Una obra es como un desgarramiento, es como abrirte el alma. Después de tanto tiempo trabajando con la muerte he llegado a la conclusión de que la muerte no existe, que la vida se transforma y camia de forma. Es el concepto alquimista: no hay resurrección sin pudrición. Creo que en la pudrición también hay vida, sólo que es otro tipo de vida. La muerte como cosa estática evidentemente no existe, es una especie de ciclo entre la vida y la muerte que se transforma continuamente y tiene una estética muy hermosa.

Ahora estoy trabajando con cosas objetuales. Ya no me interesa si es fotografía, si no es fotografía, si se vende, si no se vende. El límite es uno mismo.

Nelson Garrido

Estetica de la Violencia, 1997

Antes de hablar de estética tendríamos que ubicarla en función de qué estética estamos hablando, para quién se produce y en que marco de ideas se desarrolla.

Tocar el problema de la estética sin antes asumir una posición ética; sería simplemente contentarnos con una discusión estéril que solo desembocaría en justificar la falla de un verdadero compromiso con la realidad que estamos atravesando en nuestro país.

Evidentemente tenemos una realidad externa que sobrepasa la respuesta que le estamos dando, tanto a nivel de forma como de fondo.

En medio de la violencia reinante en el país, que nos salpica diariamente, nos quedamos en intentos estéticones donde nos limitamos a resultados objetuales que solo responden a una demanda de mercado, en vez de abordar seriamente una estética de la violencia con imágenes concepto que sean un grito, imágenes que molesten y trastoquen los códigos aceptados.

Hechos; como la masacre de la planta, done murieron aproximadamente 24 personas calcinadas, hacen que reflexionemos sobre lo corto que nos quedamos si pretendemos hablar sobre una estética de la violencia.

Si el arte no es el reflejo o válvula de escape del inconsciente colectivo de una sociedad, sólo se transforma en la expresión egocéntrica de unos cuantos iluminados cuyo alcance se limita a ser mercadería decorativa.

La estética dominante está determinada por los mercaderes de arte con sus correspondientes sacerdotes llamados curadores, quienes están fundamentados en tendencias foráneas mal digeridas trasladadas mecánicamente a la realidad de nuestro país. Generalmente ésta estética no responde a hechos históricos y mucho menos sociales, sino que aberraciones egocéntricas que siempre los ponen en cola, a mendigar una pequeña limosna o una íntima cuotica de poder en algunos circuitos internacionales.

Plegarse al mercado del arte o alinearse a la cola de estos nuevos sacerdotes ponen evidencia una estética complaciente y decorativa que sólo sirve para engrosar colecciones o estar presentes en Salones o Bienales sin alterar en ningún momento el oficialismo reinante en estos eventos.

La estética de los salones y bienales responde a la aprobación sumisa de los criterios impuestos por los curadores de paso, por ejemplo, los grandes formatos. Es la estética de lo espectacular, sin revisión del propio contenido de la obra. Los artistas no pueden asumir una estética salonera donde su propio trabajo sólo obedezca a una respuesta espasmódica cronometrada de acuerdo a las diferentes competencias fijadas en estos eventos.

Joel-Peter Witkin, Cindy Sherman, Starn Twins, etc., son modelos internacionales. Lo que hay de universal en sus fotografías hace que funcione en cualquier contexto. Son imágenes para releer y analizar, no para ser copiadas literalmente. Es necesario hacer de ellos una relectura local, particular, cercana, social, que nutra nuestra propia experiencia y enriquezca nuestro propio lenguaje. Igual sucede con el kitsch y la estética de lo feo; no se trata de repetir formulas, sino de releer y drenar información.

Los curadores se han convertido en instrumentos de censura. Responden a parámetros internacionales y uniformizan las respuestas artísticas.

La homogeneización del mercado del arte nos condena a estar en la cola de las tendencias impulsados por los centros de arte.

La obra debe tener un valor en sí misma, sin que el artista viaje a su lado promocionándola.

En un momento de crisis debe hacerse un llamado a la revisión ética de valores; el problema no es como gerenciar el arte, sino cuál es el valor intrínseco de lo que estamos haciendo.

La fotografía en Venezuela ha sido apoyada cuantitativamente (salones, premios, etc.). se han estimulado las roscas saloneras, pero no ha habido preocupación por asumir la tarea formativa.

Los artistas actúan en función de financiamientos estatales, jugando a ser víctimas y agresores del estado. La propuesta no puede ser oficial, la antioficialidad no puede ser mantenida por el estado. Hay que dejar de pedir y empezar a dar.

Una de las tentaciones que atacan a los nuevos fotógrafos es la de cuadrarse con la onda internacional que le permita lograr un status en un reducido ambiente artístico nacional. Se trata de “pegarla” con una fórmula que contente a curadores, galerista y críticos. No se está haciendo una verdadera reflexión del propio trabajo y del propio lenguaje expresivo.

Las bienales se han convertido en pretexto para que curadores y críticos armen su visión artística, atendiendo a lineamientos de mercado. Los artistas, simplemente, hacen el juego.

Actualmente, el mercado del arte está basado en premisas económicas. Este mercado es mantenido por los críticos, quienes escogen a los artistas y luego hacen su historia para elevar su cotización. Es un problema de precio.

La crisis económica hace que no haya un mercado real del arte.

Entonces, se trabaja para un mercado inexistente? La resultante es una gran confusión donde no hay búsqueda, no hay compromiso. La ausencia de una crítica y una teorización del arte hace que todo sea englobado con las etiquetas de “conceptual” o “postmodernista” y se evite el análisis real y la reflexión.

Hay que diferenciar entre estado y país. La solución ante la crisis no es buscar como calar en centros internacionales y emigrar, sino ver qué puede dársele al país como respuesta ética y moral frente al caos existente.
Nelson Garrido

Andropausias de Nelson Garrido, Octubre de 1998

Texto del Catálogo de la Exposición Andropausias de Nelson Garrido,
Museo de Arte de Tovar, Agosto – Octubre de 1998

Ahora estoy trabajando en lo que yo llamo naturalezas muertas y podridas, o sea, el problema orgánico en sí como escenario de la imagen: corazones, vísceras, hígado. El problema del color, de textura, de asociación de materiales; comprobar cómo el hecho orgánico animal se asemeja al hecho vegetal o mineral. Como siempre, parto del hecho de que soy un esteta; que los demás lo vean y se impresionen es otra cosa. No trabajo en función de que a la gente le guste o no le guste; lo que me importa es ir donde el proceso de investigación en sí me vaya llevando. De repente el no gustar ha pasado a ser lo comercial; eso es insólito. Si yo hiciera oposición por hacerla, el impacto por el impacto, no tendría sentido.

En mis nuevas imágenes digitales lo códigos están tan presentes como antes, la diferencia es que ahora no son tan explícitos. Mantengo la simbología, pero de una manera más hermética. Antes era evidente que planteaba una simbología religiosa, pero en estas imágenes orgánicas, cuando utilizo una granada asociada a una víscera, a la sangre de cristo o a la Virgen María, ahí esta esa misma simbología, pero ya no tan evidente, es una especie de poética de mi propia obra. Son los mismos fundamentos y los mismos códigos, solo que puestos en otro escenario plástico. La idea es transformar y mostrar el realismo de lo invisible. Lo importante es seguir trabajando del otro lado de las cosas, sin quedarse en las etiquetas.

El valor social de la obra es una gran farsa: los circuitos planteados no tienen ningún tipo de repercusión social. El valor social esta en la relectura de un hecho que la gente ve constantemente en la carnicería, en la calle, todos los días. Que la gente se detenga a pensar que tiene vísceras, que tiene órganos, y come órganos, come vísceras, y que con eso pueden hacerse imágenes; eso es interesante como introspección a nivel colectivo y para lograrlo hay que hacer que la imagen circule.

La función social, ya no general, sino como individuo, es el papel de uno en el ambiente social en que se mueve y lo que puede hacer para cambiar ese medio que tiene alrededor.

Mi función social como individuo es ser un hacedor de imágenes. Es hacer una iconografía de una época. Yo creo que en esas vísceras hay una iconografía, como lo pudo haber en otra época en las naturalezas muertas, cuando empezaron a hacerse. Aparentemente, eran solo una cosa decorativa, pero no, ahí se daba una transmisión de simbologías, de modos de vida. Uno puede analizar la situación histórica que vivían los Países Bajos en el siglo XVII a través de las naturalezas muertas producidas allí en esa época. Hasta las vísceras que uno come cambian según la época en la que se vive, pero uno no termina de entender que las imágenes hacen parte de un momento histórico; estas mismas fotos vistas dentro de 20, 30 o 100 años, dirán otra cosa. Es como Archimboldo, aparentemente es solo decorativo, pero yo creo que no, ahí hay una estética, una cosa barroca, casi cursi, profundamente cursi, manifiestan cada obra.

La imagen es una totalidad de hechos visibles. En esa totalidad puede haber elementos escultóricos; yo asumo que el hombre es fundamentalmente un hacedor de imágenes; a través de los símbolos, las pinturas rupestres, los iconos. Si analizamos épocas históricas, a través de su cerámica, su arquitectura, su pintura, sus objetos diarios, la totalidad nos dará la imagen de una sociedad. Pero, la sociedad contemporánea ha ido propiciando el fraccionamiento del concepto de imagen, yo creo que la imagen hay que asumirla en totalidad. Lamentablemente, tanto en las escuelas, como en los libros de arte, se asume la imagen como algo fraccionado: lo bidimensional, lo tridimensional, etc. No asumen que la escultura, la pintura, la cerámica, la fotografía, son un mismo hecho de imagen, donde hay conceptos para profundizar; se va sólo a la parte formal.

El problema es la especialización, producto de asumir las cosas de una manera mercantilista. Los especialistas empiezan a generar ese tipo de divisiones para crear sus pequeñas parcelas, porque si uno habla de una imagen universal, cómo puede esa imagen ser capitalizada, vendida? Cómo entra en una sociedad de oferta y demanda? Entonces, creando tantas especializaciones se crean nuevos mercados, que implican nuevos compradores, nuevas ganancias. Ese concepto de imagen fraccionada yo creo que es una aberración.

Caemos en la parcialización del conocimiento: la obra es el reflejo del concepto de alguien; pero, cómo se evalúa la obra? Por el producto, porque estamos en una sociedad de consumo. Sin embargo, lo más importante no es el producto, sino el concepto que genero e hizo posible que se llegara a esa obra. Lamentablemente, el conocimiento se transmite en base a datos cronológicos; no se habla del momento histórico, político, de las motivaciones e influencias que generaron esa obra. Qué es más importante en el dadaísmo: la obra o el movimiento de conceptos que la generaron? Lo importante de Duchamp es el urinario en el museo? No. Es el concepto que movió que él metiera ese urinario en ese sitio, porque allí hubo una ruptura conceptual. El problema es que lo que se vende es la pocetica. En el manejo que se ha hecho de la obra de Beuys se ve eso más evidentemente, porque somos unos mercachifles. El arte necesita generar objetos para ser vendidos a una sociedad de consumo. Ahí es donde yo creo que los artistas tienen que tratar de romper el círculo y tener y defender un marco conceptual. Para mi lo importante es transmitir mis conceptos y mis ideas. Es la imagen-concepto, no es el concepto ni es la imagen sola; porque un concepto sin imagen sería como una lanza sin punta y viceversa.

Concepto implica transformación. El hecho creativo más importante es poder transformar y visualizar conceptos que una sociedad todavía no acepta. Por qué una imagen puede llegar a molestar? Porque está rompiendo los esquemas de una sociedad decadente que necesita valores como el mundial de fútbol, las misses, los súper hombres; una sociedad que está ofreciendo otro tipo de cosas y evidentemente, le molesta que se cuestione lo establecido.

Lo importante es el planteamiento conceptual, que se transforme como consecuencia de una obra. En las galerías venden el objeto, la forma sola. Conceptualmente, qué importa si una obra es original, o tiene un tiraje de 3 o de 60, o si es una postal de 10.000 ejemplares?, conceptualmente cambia? No. Pero, mercantilmente, si cambia. Evidentemente, el mercado de arte genera un tipo de apreciación de arte que es la que se transmite en los libros. El libro no sale de la nada, es parte del círculo vicioso del mercado.

Nada es tan estático, ni previsible, hay que cuestionarse hasta lo establecido en uno mismo. Cuando hablo de lo establecido, no hablo de lo establecido afuera sino hacia adentro; todos esos esquemas dentro. Hay que mantener un proceso interno permanente; poder estar ahorita generando una obra que se va a realizar dentro de 5 o 10 años.

Ahora estoy en un proceso de observación. Antes, eso me hubiera generado una profunda angustia; ahora no, ahora se que es parte de decantar conocimiento, del mismo proceso de pudrición; como en el concepto alquimista: para que haya resurrección tiene que haber pudrición y aparición de gusanos. En este momento estoy en el proceso de aparición de gusanos, para poder resucitar. Y estos procesos se rigen por mi propio concepto del tiempo; si son 10 años, 10 años; no puedo estar en función de la cronología de los curadores y los oficialistas. Esa angustia de la importancia, de la premiación, de la presencia, no la tengo, y esa es la angustia general tanto de veteranos como de jóvenes: existir, hacer por hacer, exponer por exponer. Uno tiene que aprender del concepto gótico medieval, las cosas tienen que ser mucho más lentas, más poco a poco. Ahora el trabajo es ir formando gente, ir transmitiendo el conocimiento, y uno tiene que sacar el tiempo para hacerlo.

Dentro del panorama previsible del arte el efectismo y el choque se han transformado en algo comercial, es preocupante que la gente quiera pan y circo y entonces haya que darles pan y circo. Hacia mi obra hay un acercamiento prejuiciado; la gente está esperando que yo sea una especie de payaso del terror y del impacto; hay que sobrepasar eso. La investigación en sí de la obra hace sus caminos; así como hablo de que uno no puede estar haciendo una obra en función del mercado, igual uno no puede hacer una obra en función de un pequeño grupo que quiere espantarse, sorprenderse, que es un pequeño público fundamentalmente de intelectualosos tipo yuppie que quieren asustarse. Yo creo que la investigación debe ser tan seria que si el camino lleva hacia otro tipo de escenarios, eso debe ser asumido con total honestidad.

Es necesario ahondar en la disciplina, la metodología de trabajo, constancia e investigación; no quedarse tanto en la parte formal, sino ir más al fondo, al lenguaje. El problema es que todo se está quedando en el marquito, en el truquito y lamentablemente la fotografía se esta llevando más hacia el efecto del impacto del objeto, sin importar el contenido, sino lo “exquisito” de la obra. Es necesario investigar, saber más del oficio. Como en toda disciplina, hace falta conocer el oficio fotográfico, hay que ser más estrictos, no tener mentalidad de jugador de lotería; el problema es que esa manera de pensar es fomentada por los que van adelante, entonces todo el mundo esta pendiente de ver si la pega y si logra pegarla, “estoy hecho!”.

Se siguen manejando conceptos tan decadentes como “arte joven”; hay un fraccionamiento cronológico que impide que se asuma la imagen como totalidad, como nuevo planteamiento; qué importa la edad cronológica de quien la hace? Lo que importa es la proposición. Pero, todas esas son maneras de fraccionar y sectorizar para poder controlar.

Son problemas de manejo ético; el Pirelli es el caso patético, es la meca de la decadencia hacia donde van los artistas: van al Pirelli a masificarse, a agarrar su cuotita de poder y anotarse a la cola de los futuros curadores, de los futuros mercenarios del arte.

Los jurados de las bienales, salones y demás concursos no están calificados para juzgar; no tienen ningún tipo de criterio, ni el nivel requerido. Los jurados de estos eventos están integrados por gente que tiene colecciones, vende arte, está parcializada y tiene intereses en un tipo de arte o artistas. Sus actuaciones son totalmente subjetivas, producto de modas y del deseo de “estar en algo”.

El sector oficial sencillamente actúa como alcahueta. Es la gran feria de las burbujas de jabón que no llegan a nada; es un apoyo formal sin continuidad, incoherente, producto de arranques subjetivos personales; no hay una política gubernamental específica ni a nivel de formación, ni en otras áreas. Los centros de formación fotográfica son inexistentes.

El gran problema de la fotografía en Venezuela, en este momento, es que después de un boom masivo y un supuesto no oficialismo, ha pasado a ser un arte perfecto para el momento de crisis económica: una exposición de fotografía es mucho más barata y menos complicada que una exposición de pintura o escultura, de ahí que se haya fomentado la fotografía en muchos museos y galerías. Esto ha hecho que la fotografía se ligue a la parte negativa del arte, llenándose de un grupo de “exquisitos” que no son fotógrafos sino “artistas plásticos”, con todo lo negativo que es ser artista plástico y no hacedores de imágenes. El resultado es que la fotografía ha perdido el carácter de un campo y no ha terminado de adquirir la fuerza del otro.

Una de las cualidades más importantes de la imagen fotográfica es ser un hecho reproducible, no un hecho único. En fotografía contemporánea cada vez esto tiene menor peso; lo que manda es la fotografía como obra en sí, “original” y única.

La tendencia de los mal llamados curadores es a buscar artistas, no fotógrafos; entonces ahora todo el mundo quiere ser artista, por consecuencia, si no hay una reflexión clara consigo mismo y no se actúa en función de la propia investigación se puede llegar a aun callejón sin salida, donde tienes que ser artista porque tienes que ser artista, donde la obra se hace en función de complacer a un jurado, un curador o un mercado. El problema es que no hay investigación, no hay trabajo de taller, no hay un proceso permanente de autocrítica del propio trabajo. Lamentablemente, en la fotografía y en el arte en general la mentalidad que está predominando es la de Miss Venezuela y la de la lotería.

En la fotografía contemporánea venezolana todo se está haciendo por inercia: se participa en salones para no dejar de existir, pero reciclando las mismas cosas, sin tener nuevas proposiciones, ni la continuidad de un trabajo anterior. Hay una gran carencia de trabajo sistemático fotográfico, se gasta más en la escenografía y los marquitos. Hay que seguir un proceso permanente de investigación, aunque no haya activismo de toma. El problema no es producir en cantidad, sino que haya una permanencia, constancia en el trabajo; que no se produzca espasmódicamente, por un premio, o para el salón; que sin salones, sin premiaciones, sin ningún estímulo gubernamental externo haya un trabajo permanente.

Es importante ir descentralizando los centros de arte para enfrentar el proceso de decadencia general que afecta a los sitios expositivos. Las Bienales y los Salones se han ido planteando como la única posibilidad de exponer, cuando lo que son es un camino sin salida donde la predominancia de los criterios de los curadores determina la alineación de los artistas, aceptada con tal de exponer, esperando la aceptación de los curadores o de la premiación y haciendo que permanezcan ciertos centros de arte como templos hegemónicos. Exponer en los lugares que no son parte de ese eje central es hacer agitación en zonas donde puede ser más importante, donde no hay el problema de estar coqueteando con premiaciones y la aceptación de los curadores de paso, sino que todo el esfuerzo se dirige a la exposición y el contacto con el público.

El problema que está planteado ahora en Venezuela es que no puede ser que la salida a los problemas del arte la de, supuestamente, la empresa privada, planteando foros sobre dónde y cómo conseguir quién financie la obra; el arte no se puede reducir a un problema de financiamiento y de “gestión cultural”. Me parece el colmo que se hagan seminarios para ver cómo se presenta un proyecto para ser financiado. Los artistas se han transformado en una cuerda de burócratas recogiendo las migajas de la empresa privada y del gobierno. No puede ser que el arte se reduzca a conseguir el “billete” para hacer obras y ese sea el problema central. Esto tiene que producir un arte decadente, porque no se discute si hay problemas de orden conceptual, si el arte responde a las necesidades del país; sino cómo buscar el billete en momentos de crisis.

Las condiciones del apoyo privado al arte es que permanezcan la ideología y el tipo de arte que necesita esa empresa, y cualquier forma de arte que no obedezca a sus intereses, sencillamente lo excluyen.

No puede ser que los artistas obvien estos problemas y que si uno habla de ellos esté subvirtiendo el orden. La salida no es alinearse a la cola de la empresa privada y del gobierno y hacer un arte que a ellos les convenga. Quien calla otorga. El arte en Venezuela permanece en silencio frente a la problemática nacional. No hay una voz que se levante a criticar el estado de las cosas y la crisis del país. El problema se ha reducido a ver cómo cada quien se resuelve personalmente; no hay una conciencia colectiva.

Los artistas son una nueva farándula, los nuevos Miss Venezuela, se esconden en el silencio de la complicidad decadente y eso es lo que le están enseñando a los jóvenes en los institutos de formación de arte; les están enseñando que esa es la única posibilidad de sobrevivir.

Me preocupa cuando veo jóvenes actuando como burócratas de ministerio. Cuando hacen una obra, cuando participan en un Salón, están calculando a quién les escriben, a quién llaman, con quién se conectan; van haciendo la corte. Me preocupan toda esa cantidad de jóvenes que están haciendo la corte, los salones, en el Pirelli, y están anotando a “ganador”.

El arte oficial y los salones son el arte establecido. El estado se las ingenia de tal manera de tener el arte no oficial oficializado. Para escapar de eso hay que trabajar mucho; insisto en la consistencia y en no sucumbir a los halagos; lamentablemente, en una sociedad de profunda complicidad donde todo el mundo se halaga y se otorga premios, los premios no se asumen como retos, sino como compromisos para mantener el estado actual de las cosas.

No me interesa la agresividad por la agresividad; me interesa la agresividad para romper con conceptos. Eso significa lanzarse dejando atrás caminos de regreso, y yo creo que el no alinearse implica lanzarse cortando todos los caminos de regreso, porque sino es muy fácil. Alinearse es ir en contra de lo establecido para llevar la oferta al máximo y cuando hablo de oferta puede ser económica, de halagos, de cargos, de posición social. Aumentar la tensión hasta el punto en que todavía te puedan hacer ofertas; manejar la situación extrema para el beneficio personal.

Regresamos a la teoría anarquista. El cambio no es que si otro está en un cargo es malo y si yo estoy es bueno; lo que estoy cuestionando es el mecanismo. El problema es que la gente no cuestiona los mecanismos de poder sino las personas, y el problema no son las personas; lo que hay que cuestionar son los mecanismos del poder, en las curadurías, en el arte, en los mercados; no que fulano me caiga bien o no me caiga bien, que es como se manejan las cosas. Ese cuestionamiento sólo se logra no alineándose. Cómo voy a cuestionar un cóctel estando en un cóctel? Cómo voy a cuestionar las galerías si vivo de las ventas de una galería? Eso sería decir que lo que es malo para otro es bueno para mí; es demasiado hipócrita. Es importante no alinearse y mantener la libertad en el lenguaje personal y en la propia investigación.

Hay que vencer el miedo a comprometerse y arriesgar. El compromiso es, primero, de formación, de ser un bastión ético que se resiste; mientras más uno avanza en el camino y mientras más premiaciones van otorgando, más gente cae; si uno sirve para que los que vengan atrás digan, si, se puede resistir, ya eso es importante. Uno si puede sobrevivir sin hacer componenda, sin caer en las trampas. Hay que jugársela.

Conocer los límites es comenzar a saber que uno tiene límites. Hay que ser realista y tratar de alcanzar lo imposible. A través de las propias limitaciones es que uno logra descubrir que es ilimitado; conociendo y rompiendo sus límites.

Nelson Garrido.