martes, 12 de diciembre de 2006

Andropausias de Nelson Garrido, Octubre de 1998

Texto del Catálogo de la Exposición Andropausias de Nelson Garrido,
Museo de Arte de Tovar, Agosto – Octubre de 1998

Ahora estoy trabajando en lo que yo llamo naturalezas muertas y podridas, o sea, el problema orgánico en sí como escenario de la imagen: corazones, vísceras, hígado. El problema del color, de textura, de asociación de materiales; comprobar cómo el hecho orgánico animal se asemeja al hecho vegetal o mineral. Como siempre, parto del hecho de que soy un esteta; que los demás lo vean y se impresionen es otra cosa. No trabajo en función de que a la gente le guste o no le guste; lo que me importa es ir donde el proceso de investigación en sí me vaya llevando. De repente el no gustar ha pasado a ser lo comercial; eso es insólito. Si yo hiciera oposición por hacerla, el impacto por el impacto, no tendría sentido.

En mis nuevas imágenes digitales lo códigos están tan presentes como antes, la diferencia es que ahora no son tan explícitos. Mantengo la simbología, pero de una manera más hermética. Antes era evidente que planteaba una simbología religiosa, pero en estas imágenes orgánicas, cuando utilizo una granada asociada a una víscera, a la sangre de cristo o a la Virgen María, ahí esta esa misma simbología, pero ya no tan evidente, es una especie de poética de mi propia obra. Son los mismos fundamentos y los mismos códigos, solo que puestos en otro escenario plástico. La idea es transformar y mostrar el realismo de lo invisible. Lo importante es seguir trabajando del otro lado de las cosas, sin quedarse en las etiquetas.

El valor social de la obra es una gran farsa: los circuitos planteados no tienen ningún tipo de repercusión social. El valor social esta en la relectura de un hecho que la gente ve constantemente en la carnicería, en la calle, todos los días. Que la gente se detenga a pensar que tiene vísceras, que tiene órganos, y come órganos, come vísceras, y que con eso pueden hacerse imágenes; eso es interesante como introspección a nivel colectivo y para lograrlo hay que hacer que la imagen circule.

La función social, ya no general, sino como individuo, es el papel de uno en el ambiente social en que se mueve y lo que puede hacer para cambiar ese medio que tiene alrededor.

Mi función social como individuo es ser un hacedor de imágenes. Es hacer una iconografía de una época. Yo creo que en esas vísceras hay una iconografía, como lo pudo haber en otra época en las naturalezas muertas, cuando empezaron a hacerse. Aparentemente, eran solo una cosa decorativa, pero no, ahí se daba una transmisión de simbologías, de modos de vida. Uno puede analizar la situación histórica que vivían los Países Bajos en el siglo XVII a través de las naturalezas muertas producidas allí en esa época. Hasta las vísceras que uno come cambian según la época en la que se vive, pero uno no termina de entender que las imágenes hacen parte de un momento histórico; estas mismas fotos vistas dentro de 20, 30 o 100 años, dirán otra cosa. Es como Archimboldo, aparentemente es solo decorativo, pero yo creo que no, ahí hay una estética, una cosa barroca, casi cursi, profundamente cursi, manifiestan cada obra.

La imagen es una totalidad de hechos visibles. En esa totalidad puede haber elementos escultóricos; yo asumo que el hombre es fundamentalmente un hacedor de imágenes; a través de los símbolos, las pinturas rupestres, los iconos. Si analizamos épocas históricas, a través de su cerámica, su arquitectura, su pintura, sus objetos diarios, la totalidad nos dará la imagen de una sociedad. Pero, la sociedad contemporánea ha ido propiciando el fraccionamiento del concepto de imagen, yo creo que la imagen hay que asumirla en totalidad. Lamentablemente, tanto en las escuelas, como en los libros de arte, se asume la imagen como algo fraccionado: lo bidimensional, lo tridimensional, etc. No asumen que la escultura, la pintura, la cerámica, la fotografía, son un mismo hecho de imagen, donde hay conceptos para profundizar; se va sólo a la parte formal.

El problema es la especialización, producto de asumir las cosas de una manera mercantilista. Los especialistas empiezan a generar ese tipo de divisiones para crear sus pequeñas parcelas, porque si uno habla de una imagen universal, cómo puede esa imagen ser capitalizada, vendida? Cómo entra en una sociedad de oferta y demanda? Entonces, creando tantas especializaciones se crean nuevos mercados, que implican nuevos compradores, nuevas ganancias. Ese concepto de imagen fraccionada yo creo que es una aberración.

Caemos en la parcialización del conocimiento: la obra es el reflejo del concepto de alguien; pero, cómo se evalúa la obra? Por el producto, porque estamos en una sociedad de consumo. Sin embargo, lo más importante no es el producto, sino el concepto que genero e hizo posible que se llegara a esa obra. Lamentablemente, el conocimiento se transmite en base a datos cronológicos; no se habla del momento histórico, político, de las motivaciones e influencias que generaron esa obra. Qué es más importante en el dadaísmo: la obra o el movimiento de conceptos que la generaron? Lo importante de Duchamp es el urinario en el museo? No. Es el concepto que movió que él metiera ese urinario en ese sitio, porque allí hubo una ruptura conceptual. El problema es que lo que se vende es la pocetica. En el manejo que se ha hecho de la obra de Beuys se ve eso más evidentemente, porque somos unos mercachifles. El arte necesita generar objetos para ser vendidos a una sociedad de consumo. Ahí es donde yo creo que los artistas tienen que tratar de romper el círculo y tener y defender un marco conceptual. Para mi lo importante es transmitir mis conceptos y mis ideas. Es la imagen-concepto, no es el concepto ni es la imagen sola; porque un concepto sin imagen sería como una lanza sin punta y viceversa.

Concepto implica transformación. El hecho creativo más importante es poder transformar y visualizar conceptos que una sociedad todavía no acepta. Por qué una imagen puede llegar a molestar? Porque está rompiendo los esquemas de una sociedad decadente que necesita valores como el mundial de fútbol, las misses, los súper hombres; una sociedad que está ofreciendo otro tipo de cosas y evidentemente, le molesta que se cuestione lo establecido.

Lo importante es el planteamiento conceptual, que se transforme como consecuencia de una obra. En las galerías venden el objeto, la forma sola. Conceptualmente, qué importa si una obra es original, o tiene un tiraje de 3 o de 60, o si es una postal de 10.000 ejemplares?, conceptualmente cambia? No. Pero, mercantilmente, si cambia. Evidentemente, el mercado de arte genera un tipo de apreciación de arte que es la que se transmite en los libros. El libro no sale de la nada, es parte del círculo vicioso del mercado.

Nada es tan estático, ni previsible, hay que cuestionarse hasta lo establecido en uno mismo. Cuando hablo de lo establecido, no hablo de lo establecido afuera sino hacia adentro; todos esos esquemas dentro. Hay que mantener un proceso interno permanente; poder estar ahorita generando una obra que se va a realizar dentro de 5 o 10 años.

Ahora estoy en un proceso de observación. Antes, eso me hubiera generado una profunda angustia; ahora no, ahora se que es parte de decantar conocimiento, del mismo proceso de pudrición; como en el concepto alquimista: para que haya resurrección tiene que haber pudrición y aparición de gusanos. En este momento estoy en el proceso de aparición de gusanos, para poder resucitar. Y estos procesos se rigen por mi propio concepto del tiempo; si son 10 años, 10 años; no puedo estar en función de la cronología de los curadores y los oficialistas. Esa angustia de la importancia, de la premiación, de la presencia, no la tengo, y esa es la angustia general tanto de veteranos como de jóvenes: existir, hacer por hacer, exponer por exponer. Uno tiene que aprender del concepto gótico medieval, las cosas tienen que ser mucho más lentas, más poco a poco. Ahora el trabajo es ir formando gente, ir transmitiendo el conocimiento, y uno tiene que sacar el tiempo para hacerlo.

Dentro del panorama previsible del arte el efectismo y el choque se han transformado en algo comercial, es preocupante que la gente quiera pan y circo y entonces haya que darles pan y circo. Hacia mi obra hay un acercamiento prejuiciado; la gente está esperando que yo sea una especie de payaso del terror y del impacto; hay que sobrepasar eso. La investigación en sí de la obra hace sus caminos; así como hablo de que uno no puede estar haciendo una obra en función del mercado, igual uno no puede hacer una obra en función de un pequeño grupo que quiere espantarse, sorprenderse, que es un pequeño público fundamentalmente de intelectualosos tipo yuppie que quieren asustarse. Yo creo que la investigación debe ser tan seria que si el camino lleva hacia otro tipo de escenarios, eso debe ser asumido con total honestidad.

Es necesario ahondar en la disciplina, la metodología de trabajo, constancia e investigación; no quedarse tanto en la parte formal, sino ir más al fondo, al lenguaje. El problema es que todo se está quedando en el marquito, en el truquito y lamentablemente la fotografía se esta llevando más hacia el efecto del impacto del objeto, sin importar el contenido, sino lo “exquisito” de la obra. Es necesario investigar, saber más del oficio. Como en toda disciplina, hace falta conocer el oficio fotográfico, hay que ser más estrictos, no tener mentalidad de jugador de lotería; el problema es que esa manera de pensar es fomentada por los que van adelante, entonces todo el mundo esta pendiente de ver si la pega y si logra pegarla, “estoy hecho!”.

Se siguen manejando conceptos tan decadentes como “arte joven”; hay un fraccionamiento cronológico que impide que se asuma la imagen como totalidad, como nuevo planteamiento; qué importa la edad cronológica de quien la hace? Lo que importa es la proposición. Pero, todas esas son maneras de fraccionar y sectorizar para poder controlar.

Son problemas de manejo ético; el Pirelli es el caso patético, es la meca de la decadencia hacia donde van los artistas: van al Pirelli a masificarse, a agarrar su cuotita de poder y anotarse a la cola de los futuros curadores, de los futuros mercenarios del arte.

Los jurados de las bienales, salones y demás concursos no están calificados para juzgar; no tienen ningún tipo de criterio, ni el nivel requerido. Los jurados de estos eventos están integrados por gente que tiene colecciones, vende arte, está parcializada y tiene intereses en un tipo de arte o artistas. Sus actuaciones son totalmente subjetivas, producto de modas y del deseo de “estar en algo”.

El sector oficial sencillamente actúa como alcahueta. Es la gran feria de las burbujas de jabón que no llegan a nada; es un apoyo formal sin continuidad, incoherente, producto de arranques subjetivos personales; no hay una política gubernamental específica ni a nivel de formación, ni en otras áreas. Los centros de formación fotográfica son inexistentes.

El gran problema de la fotografía en Venezuela, en este momento, es que después de un boom masivo y un supuesto no oficialismo, ha pasado a ser un arte perfecto para el momento de crisis económica: una exposición de fotografía es mucho más barata y menos complicada que una exposición de pintura o escultura, de ahí que se haya fomentado la fotografía en muchos museos y galerías. Esto ha hecho que la fotografía se ligue a la parte negativa del arte, llenándose de un grupo de “exquisitos” que no son fotógrafos sino “artistas plásticos”, con todo lo negativo que es ser artista plástico y no hacedores de imágenes. El resultado es que la fotografía ha perdido el carácter de un campo y no ha terminado de adquirir la fuerza del otro.

Una de las cualidades más importantes de la imagen fotográfica es ser un hecho reproducible, no un hecho único. En fotografía contemporánea cada vez esto tiene menor peso; lo que manda es la fotografía como obra en sí, “original” y única.

La tendencia de los mal llamados curadores es a buscar artistas, no fotógrafos; entonces ahora todo el mundo quiere ser artista, por consecuencia, si no hay una reflexión clara consigo mismo y no se actúa en función de la propia investigación se puede llegar a aun callejón sin salida, donde tienes que ser artista porque tienes que ser artista, donde la obra se hace en función de complacer a un jurado, un curador o un mercado. El problema es que no hay investigación, no hay trabajo de taller, no hay un proceso permanente de autocrítica del propio trabajo. Lamentablemente, en la fotografía y en el arte en general la mentalidad que está predominando es la de Miss Venezuela y la de la lotería.

En la fotografía contemporánea venezolana todo se está haciendo por inercia: se participa en salones para no dejar de existir, pero reciclando las mismas cosas, sin tener nuevas proposiciones, ni la continuidad de un trabajo anterior. Hay una gran carencia de trabajo sistemático fotográfico, se gasta más en la escenografía y los marquitos. Hay que seguir un proceso permanente de investigación, aunque no haya activismo de toma. El problema no es producir en cantidad, sino que haya una permanencia, constancia en el trabajo; que no se produzca espasmódicamente, por un premio, o para el salón; que sin salones, sin premiaciones, sin ningún estímulo gubernamental externo haya un trabajo permanente.

Es importante ir descentralizando los centros de arte para enfrentar el proceso de decadencia general que afecta a los sitios expositivos. Las Bienales y los Salones se han ido planteando como la única posibilidad de exponer, cuando lo que son es un camino sin salida donde la predominancia de los criterios de los curadores determina la alineación de los artistas, aceptada con tal de exponer, esperando la aceptación de los curadores o de la premiación y haciendo que permanezcan ciertos centros de arte como templos hegemónicos. Exponer en los lugares que no son parte de ese eje central es hacer agitación en zonas donde puede ser más importante, donde no hay el problema de estar coqueteando con premiaciones y la aceptación de los curadores de paso, sino que todo el esfuerzo se dirige a la exposición y el contacto con el público.

El problema que está planteado ahora en Venezuela es que no puede ser que la salida a los problemas del arte la de, supuestamente, la empresa privada, planteando foros sobre dónde y cómo conseguir quién financie la obra; el arte no se puede reducir a un problema de financiamiento y de “gestión cultural”. Me parece el colmo que se hagan seminarios para ver cómo se presenta un proyecto para ser financiado. Los artistas se han transformado en una cuerda de burócratas recogiendo las migajas de la empresa privada y del gobierno. No puede ser que el arte se reduzca a conseguir el “billete” para hacer obras y ese sea el problema central. Esto tiene que producir un arte decadente, porque no se discute si hay problemas de orden conceptual, si el arte responde a las necesidades del país; sino cómo buscar el billete en momentos de crisis.

Las condiciones del apoyo privado al arte es que permanezcan la ideología y el tipo de arte que necesita esa empresa, y cualquier forma de arte que no obedezca a sus intereses, sencillamente lo excluyen.

No puede ser que los artistas obvien estos problemas y que si uno habla de ellos esté subvirtiendo el orden. La salida no es alinearse a la cola de la empresa privada y del gobierno y hacer un arte que a ellos les convenga. Quien calla otorga. El arte en Venezuela permanece en silencio frente a la problemática nacional. No hay una voz que se levante a criticar el estado de las cosas y la crisis del país. El problema se ha reducido a ver cómo cada quien se resuelve personalmente; no hay una conciencia colectiva.

Los artistas son una nueva farándula, los nuevos Miss Venezuela, se esconden en el silencio de la complicidad decadente y eso es lo que le están enseñando a los jóvenes en los institutos de formación de arte; les están enseñando que esa es la única posibilidad de sobrevivir.

Me preocupa cuando veo jóvenes actuando como burócratas de ministerio. Cuando hacen una obra, cuando participan en un Salón, están calculando a quién les escriben, a quién llaman, con quién se conectan; van haciendo la corte. Me preocupan toda esa cantidad de jóvenes que están haciendo la corte, los salones, en el Pirelli, y están anotando a “ganador”.

El arte oficial y los salones son el arte establecido. El estado se las ingenia de tal manera de tener el arte no oficial oficializado. Para escapar de eso hay que trabajar mucho; insisto en la consistencia y en no sucumbir a los halagos; lamentablemente, en una sociedad de profunda complicidad donde todo el mundo se halaga y se otorga premios, los premios no se asumen como retos, sino como compromisos para mantener el estado actual de las cosas.

No me interesa la agresividad por la agresividad; me interesa la agresividad para romper con conceptos. Eso significa lanzarse dejando atrás caminos de regreso, y yo creo que el no alinearse implica lanzarse cortando todos los caminos de regreso, porque sino es muy fácil. Alinearse es ir en contra de lo establecido para llevar la oferta al máximo y cuando hablo de oferta puede ser económica, de halagos, de cargos, de posición social. Aumentar la tensión hasta el punto en que todavía te puedan hacer ofertas; manejar la situación extrema para el beneficio personal.

Regresamos a la teoría anarquista. El cambio no es que si otro está en un cargo es malo y si yo estoy es bueno; lo que estoy cuestionando es el mecanismo. El problema es que la gente no cuestiona los mecanismos de poder sino las personas, y el problema no son las personas; lo que hay que cuestionar son los mecanismos del poder, en las curadurías, en el arte, en los mercados; no que fulano me caiga bien o no me caiga bien, que es como se manejan las cosas. Ese cuestionamiento sólo se logra no alineándose. Cómo voy a cuestionar un cóctel estando en un cóctel? Cómo voy a cuestionar las galerías si vivo de las ventas de una galería? Eso sería decir que lo que es malo para otro es bueno para mí; es demasiado hipócrita. Es importante no alinearse y mantener la libertad en el lenguaje personal y en la propia investigación.

Hay que vencer el miedo a comprometerse y arriesgar. El compromiso es, primero, de formación, de ser un bastión ético que se resiste; mientras más uno avanza en el camino y mientras más premiaciones van otorgando, más gente cae; si uno sirve para que los que vengan atrás digan, si, se puede resistir, ya eso es importante. Uno si puede sobrevivir sin hacer componenda, sin caer en las trampas. Hay que jugársela.

Conocer los límites es comenzar a saber que uno tiene límites. Hay que ser realista y tratar de alcanzar lo imposible. A través de las propias limitaciones es que uno logra descubrir que es ilimitado; conociendo y rompiendo sus límites.

Nelson Garrido.

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